JUAN A. LÁZARO
Entre mis obsesiones bajonalonianas están la carretera Soto-Pravia, las vegas sin cultivos, los salmones y cuatro cosas más, con las que compongo mis reflexiones sobre este microcosmos astur. Por principios, hablo de lo positivo buscando personas y protagonistas, en la mayoría de las ocasiones, mientras que para hablar de algo negativo, recurro a la indefinición, la generalización y la abstracción humana. Resulta reiterativo hablar del paisaje y del paisanaje como elementos clave para entender un territorio, pero es una gran verdad y en el bajo Nalón no vamos a ser una excepción. La variada y rica fauna no se corresponden con la escasa superficie de la comarca, sobre todo si la comparamos con otras vecinas. Muchas veces me he parado a pensar qué hace diferente este a trozo del Principado de otros y creo que es el Nalón. Pero el que disfrutamos por aquí nada tiene que ver con el que bulle por Caso o Laviana, aquí tiene sabor salado y ese matiz es el que lo hace distinto. La sal que toma el río cuando se acerca a la mar es la que tiene el paisanaje de esta parte baja de la gran cuenca fluvial.