Pravia,
Ignacio PULIDO
María Valdés Ozores, nieta de la marquesa de Casa Valdés, se considera una «romántica». Quizás esa actitud vital le hizo añorar durante años el sonido de las campanas de la colegiata de Santa María la Mayor de Pravia, cuyo reloj no funcionaba desde hacía una década.
El año pasado María Valdés y sus hermanas, Beatriz (suegra de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre) y Micaela, decidieron promover su restauración, finalizada el pasado martes, tras ser colocado el minutero.
Hace apenas un año María Valdés propuso al párroco local, Francisco Donate, la restauración del reloj. A tales efectos las nietas de la marquesa de Casa Valdés donaron unos 4.000 euros que fueron empleados en sustituir la vieja maquinaria por una nueva.
«El estado de conservación de varias piezas del viejo ingenio era tan malo que se optó por colocar un sistema electrónico», comenta la benefactora.
Con la actuación se recuperó también el sonido de las campanas. Según algunos vecinos, estas no sonaban desde hacía una década. No obstante, aún había un fleco por cortar. Se señala que hace unos quince años un rayo partió la manecilla del minutero, privando a los pravianos de conocer la hora exacta cada vez que miraban a la torre del templo.
A su regreso a Pravia con motivo de sus vacaciones estivales María Valdés pudo comprobar que la restauración del reloj no había sido completada. Entonces se puso en contacto con el escultor madrileño Paco Santamaría, en cuya obra los relojes ocupan un papel protagonista. El artista llegó a la villa a principios de esta semana para elaborar un nuevo minutero. Cabe decir que él mismo fue el encargado hace un año de analizar el estado de conservación del reloj de la colegiata. Tras realizar una plantilla creó una nueva manecilla a imagen y semejanza de la anterior y la colocó con la ayuda de una grúa. Asimismo, se procedió a limpiar la esfera.
Por tanto, la restauración del reloj de la colegiata ha concluido. Las hermanas de la Casa Valdés se mostraron ayer satisfechas con el trabajo realizado.
«Ahora los pravianos ya pueden saber qué hora es cada vez que paseen por aquí», señala María, que añade que «los pravianos se podrán reunir ante la colegiata para comer las uvas la noche de Fin de Año».