Noreña,
Manuel NOVAL MORO
Las carrozas de Noreña fueron pocas pero bien avenidas. Y variopintas. El desfile de las fiestas del Ecce Homo llevó a las calles de la localidad, en primer lugar, a un grupo de bañistas que se echaron al mar en «La Playina», con sus casetas y hasta con el carrito del helado. Niños y mayores disfrutando de una apacible jornada, cantando y bailando canciones del verano y comiendo helados.
Posteriormente, la Villa Condal se vio invadida por la televisión. En una carroza convertida en pantalla negra cobraron vida programas de televisión de todas las cadenas, documentales, magazines y anuncios que un joven hacía ir y venir desde un sofá con un enorme mando a distancia.
A continuación, Noreña se convirtió en un salón del Oeste. Varias niñas, vestidas a la manera de las chicas de «saloon», bailaron juntas una canción «country» a la española, animadas por vaqueros con sus pistolas y otros personajes del Oeste americano.
La última carroza teletransportó a Noreña el campamento parroquial que los niños y jóvenes hacen a Poo de Llanes, con sus monitoras poniendo orden, las niñas bailando al compás (aquí, el párroco, Pedro Tardón, se sumó a la fiesta como espontáneo) y las jóvenes jugando al voleibol o durmiendo en sacos de dormir.
Con respecto al recorte de la subvención municipal a la cofradía Jesús Nazareno Ecce Homo, el portavoz de Independientes Por Noreña (IPÑ), José Ángel Blanco, sostuvo que el trato que el alcalde, César Movilla, y la concejala Verónica Noval le han dado «es inaceptable, injustificable y muy poco inteligente». Para Blanco, «ninguna agrupación de Noreña sufrió un recorte en sus subvenciones como ellos, obviando que es la agrupación que más visitantes trae a nuestra villa».