San Román de Candamo,
Ignacio PULIDO
San Román de Candamo no sale de su asombro. El pasado domingo, su vecino Isidro Víctor López Bances asistió atónito al parto de su vaca «Libertad», que trajo al mundo la friolera de cuatro xatos vivos. Ni siquiera los más viejos de la zona recuerdan algo similar. Tal es así que las pequeñas criaturas han recibido, hasta el momento, la visita de más de un centenar de curiosos.
Apenas eran las cuatro de la tarde cuando Víctor, tras disfrutar del día de Navidad en compañía de su familia, comprobó que su vaca estaba de parto. «El primero de los xatos ya asomaba. Pensé que estaba muerto», subraya, y añade que tras asistir al animal se percató de que otra cría venía en camino. Sin embargo, la mayor sorpresa llegó tras el nacimiento del segundo ternero. «La vaca aún tenía mucha barriga y tras auscultarla palpé, para mi asombro, dos cabezas y tres patas más», enfatiza. El veterinario de la zona señala que, en veinticinco años de carrera, nunca ha asistido a un hecho semejante.
«Libertad» es una novilla roxa de dos años y medio de edad. Se crió en la ganadería de Sole y Pardo, sita en el pueblo moscón de Bayo, donde fue fecundada por un toro de la granja. «Ella comía y rumiaba, pero no paraba de perder peso. Ahora entendemos por qué. Tenía que alimentar cuatro bocas», matiza.
Los xatos, tres machos y una hembra, nacieron con quince días de antelación y pesaron alrededor de seis o siete kilos. El cuarto es más grande que el resto. «Durante el parto los cogíamos con una mano», precisa. Ahora, Víctor y su familia se afanan para que las cuatro crías salgan adelante. Cada una recibe dos biberones de leche al día, uno al amanecer y otro por la tarde. «El veterinario nos aconsejó que no les diésemos mucha comida, les podría hacer daño y cómo están tan débiles podría causarles la muerte», afirma. Asimismo, Víctor -para quien la ganadería es un entretenimiento- ha preparado en su cuadra un pequeño corral sobre el que ha colocado una resistencia que aporta calor a los xatos. Por su parte, «Libertad» se recupera poco a poco del doloroso parto. «La pobre se quedó en chasis», reconoce.
Un centenar de curiosos se han dejado caer estos días por casa de Víctor. «Cuando dije a mis conocidos que la vaca había parido cuatro xatinos no me creían. Me dijeron que el día de los Santos Inocentes era el 28 de diciembre, no el 26» explica entre risas. Faustino García, uno de sus amigos, sigue impresionado. «Lo normal es que una vaca roxa tenga tan sólo una cría al año», subraya.
La Navidad ha dejado en San Román su particular regalo. Cuatro xatinos con los que la naturaleza ha vuelto a sorprender a propios y ajenos.