Pola de Siero,
Manuel NOVAL MORO
El agente de la Guardia Civil José Luis Rodríguez Suárez se llevó ayer «una gran alegría» al visitar en su casa de Pola de Siero a Argelia Cueto, la mujer de 80 años a la que evacuó la víspera de Reyes a raíz de un incendio que se había producido un piso más abajo de su vivienda. El agente sufrió una intoxicación por inhalación de humo y, aunque todavía está de baja y se resiente de la laringe, está muy cerca de la recuperación. «Lo importante es ver que los dos estamos bien; nos pasamos un rato agradable», dijo. Ella se mostró muy agradecida.
El agente quiere restarle importancia a su hazaña. «Hice lo que tenía que hacer, tampoco hay que darle mayor importancia», señaló.
José Luis Rodríguez relata que volvía con un compañero en un coche de llevar unas diligencias al juzgado de Pola de Siero cuando les avisaron de que estaba saliendo humo de una vivienda. Fue antes de que llegaran los Bomberos.
Subió al cuarto piso, donde se había declarado el fuego, e intentó apagarlo con un extintor, junto con un hermano del propietario, pero no era suficiente. Fue entonces cuando bajó a la calle y supo que había una mujer en la quinta planta que no podía moverse porque estaba operada de una rodilla. «No me lo pensé ni un momento; te dicen que está inmovilizada y no lo piensas». Había humo en el descansillo de la escalera, pero aun así siguió hacia arriba, sacó a la anciana de su casa y la bajó con la ayuda de un agente de la Policía Local.
Ayer por la mañana, la mujer y el agente recordaban con una sonrisa un pequeño golpe que se llevó la mujer con el marco de la puerta en la rodilla operada cuando el agente la sacaba de su casa. Él estaba preocupado por si había sufrido algún daño. Ella, sin embargo, temía más por la salud de él. Al final, todo acabó como tenía que acabar. «Ella esta bien, yo estoy bien, y eso es lo importante».
Con respecto a la intoxicación, asegura que mientras estuvo en acción apenas la sintió. «Notaba un resquemor en la garganta, pero nada más; fue cuando llegamos abajo y metimos a la señora en la ambulancia cuando me empecé a encontrar mal», relata.
El agente destacó el trabajo de todos los que estaban allí y especialmente del «personal de la UVI móvil, impresionante». El incidente le sirvió también para comprobar lo arropado que estaba. Agradeció enormemente las muchísimas muestras de cariño y de apoyo de amigos, familiares, compañeros y jefes.
En breve plazo se incorporará al servicio, consciente de que, si ocurriera un caso similar, «haría lo mismo». Volver a la normalidad es cuestión de poco tiempo. Hasta tiene en su poder la gorra que se dejó en casa de Argelia. Se la hicieron llegar al cuartel por medio de un vecino de Noreña.