17 de mayo de 2012
17.05.2012
Siero, Noreña y Llanera

La Máquina renueva conductor

Moncho González, gerente del popular restaurante de Lugones, famoso por su fabada, pasa el relevo a sus hijos tras casi 40 años al frente del negocio

17.03.2012 | 05:42
Moncho González posa junto a la emblemática máquina del tren situada junto a su restaurante.

Lugones (Siero),


Lucas BLANCO


Con la satisfacción de casi cuarenta años de trabajo bien hecho, pero con el sabor amargo de tener que dar el testigo en un mal momento económico. Así es como afronta su jubilación a los 65 años José Ramón González, gerente del popular restaurante La Máquina de Lugones (Siero), que desde el año 1963 se ha ganado a pulso el halago generalizado, en gran medida por los que muchos califican como «la mejor fabada de Asturias».


Fue un concurso gastronómico celebrado en Madrid y en el que la madre de Moncho, María García, obtuvo el segundo premio -después de que la organización barriera para casa dando como ganador al cocido madrileño, recuerda-, lo que sirvió de punto de partida para un negocio primeramente regentado por su padre, Ramón González. En 1975 Moncho, como lo conocen los amigos, y su hermana Maribel tomaron el mando.


Desde entonces hasta hoy, el nombre del restaurante La Máquina no ha dejado de crecer, atravesando todas las fronteras posibles con el plato por excelencia de la gastronomía asturiana como carta de presentación. «En todos estos años hemos recibido clientes de multitud de países», destaca González, que asegura tener anécdotas para escribir un libro. «Recuerdo con especial cariño un cliente de Barcelona que venía en autobús de vez en cuando sólo por comer nuestra fabada», señala el hostelero.


Mención especial merecen también la multitud de personajes ilustres que degustaron su plato estrella durante toda su vida empresarial, pues en La Máquina llegaron a comer personajes destacados del mundo literario, como los premios Nobel Gabriel García Márquez y Camilo José Cela o el valenciano Fernando Vizcaíno Casas, así como personajes del panorama artístico español, como Concha Velasco, Víctor Manuel o Serrat.


Aunque afirma que a partir del mes de abril, cuando se formalizará su jubilación, empleará buena parte de su tiempo a «la buena vida», puntualiza que dedicará todavía algún esfuerzo a facilitar la transición del negocio a sus hijos Elio, Aida, Diego y Ramón.


«Continuaré haciendo alguna labor como ir a comprar las habas a Grado, Villaviciosa o Pravia», admite González, apuntando a la calidad de la legumbre y al embutido casero como secretos del éxito de su fabada.


En lo que respecta a la gestión, considera a sus hijos más que preparados para afrontarla y ya está concienciado para asumir su papel como jubilado y colaborador. «Me tocará hacer un poco la labor de relaciones públicas, pues soy consciente de que hay mucha clientela fija que de vez en cuando pasará por aquí a verme», admite a la vez que muestra con nostalgia las numerosas locomotoras en miniatura que coleccionó durante su vida empresarial. «El nombre de La Máquina lo heredamos de los propietarios anteriores, pero yo elegí la máquina del tren como emblema del negocio», rememora González con orgullo.


A pesar de que reconoce que estaba deseando jubilarse, lamenta que sus cuatro hijos tengan que tomar las riendas del negocio justo en un momento de profunda crisis económica que, obviamente, ha alcanzado de lleno al sector hostelero, si bien espera que esta situación sea pasajera. «No es el mejor momento, pero esperemos que vengan otros más positivos», desea Moncho, que durante la mejor época del negocio ofrecía un promedio de 55 comidas por día.

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