Clases que salvan vidas

El Ayuntamiento de Siero pone en marcha un taller escolar para enseñar a los niños maniobras de reanimación

01.04.2013 | 03:28

Lieres (Siero),


Franco TORRE


El salón de actos del Colegio Xentiquina Lieres-Solvay se ha convertido en una improvisada aula de primeros auxilios. En vez de los habituales pupitres y los imprescindibles libros, siete muñecos de reanimación cardiopulmonar (RCP), que representan únicamente el torso y la cabeza de una persona, son el único elemento visible sobre las colchonetas dispuestas en el suelo. Unos muñecos que, en todo caso, son el apoyo didáctico esencial para unas clases que salvan vidas.


El Colegio Xentiquina es el segundo del concejo, tras el Celestino Montoto de Pola de Siero, que acoge una clase de RCP. Unas sesiones que el concejal de Seguridad e impulsor de la iniciativa, Mauricio Bogomak, pretende realizar en todos los centros educativos de Primaria del cuarto concejo. El propio edil, que une a su formación como bombero un desparpajo que lo convierte en un auténtico «showman» en el aula, hace de profesor en la sesión, flanqueado por miembros de Protección Civil.


Tras una sencilla exposición, los niños pasan a ser los protagonistas de la clase, muy centrada en la parte práctica. Participan en la sesión alumnos de quinto, sexto y primero de la ESO, niños entre los 10 y los 13 años a los que estos singulares profesores explican cómo debe realizarse una reanimación.


«Es espectacular, sientes cómo se hunde la mano en el pecho. Es muy emocionante pensar que puede ser una persona de verdad y que le puedes salvar la vida», explica Isaac Sánchez, alumno de quinto, tras ensayar la reanimación. De su maestro eventual, el niño sólo tiene buenas palabras: «Mauricio es muy guay, divertido y enérgico».


La energía es un concepto en el que Bogomak insiste varias veces durante la clase y los alumnos captan su importancia. La necesidad de aplicar con fuerza la RCP y de colocarse correctamente son dos aspectos en los que el edil pone especial atención. «El procedimiento es algo complicado, porque si te desvías tres centímetros lo puedes matar, y además es muy cansado. Cuesta pillarle el tranquillo, pero merece la pena, porque piensas que es algo que puede pasar, que puedes ayudar a una persona», afirma José Jiménez, de sexto curso.

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