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La Pola llora a un cura bueno

Los polesos despiden al que fuera su párroco durante 21 años, Juan Bautista Álvarez, con un multitudinario y emotivo funeral presidido por el Arzobispo

01.12.2015 | 04:00
La Pola llora a un cura bueno

La parroquia de San Pedro de Pola de Siero despidió ayer a Juan Bautista Álvarez, el sacerdote que durante 21 años guió a la feligresía polesa. En su funeral, multitudinario, no faltaron las muestras de duelo, aunque fue el Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, quien trazó en su homilía la mejor semblanza y el más emotivo retrato del sacerdote fallecido. Una homilía, llena de cariño, que Sanz concluyó con una imagen tan evocadora como expresiva: la de Juan Bautista Álvarez contándole a Dios, en su perenne asturiano, los sucesos del último año, tal y como acostumbraba a hacer con los polesos el día de Güevos Pintos.

Familiares, amigos y compañeros sacerdotes acompañaron el cuerpo de Juan Bautista Álvarez, fallecido en la madrugada del domingo, en este último oficio. Tal y como reveló el propio Sanz, no fueron pocos entre los asistentes los que insistieron, en los prolegómenos de la misa, en poder hablar durante el oficio. Mas fueron tantas las peticiones que se decidió que únicamente hablase, en representación de toda la feligresía, el párroco local, Sergio Martínez.

"Cuando hemos compartido momentos, cuando hemos compartido tiempos, cuando fuimos testigos de su forma de ser y de su cariño por nosotros, nos duele, nos rompe por dentro y nos quedamos sin palabras. Sólo queda dar gracias a Dios, en mi caso por un compañero sacerdote que tuve de párroco y al cual le debo mis primeros pasos en el ministerio ordenado. Cada uno de vosotros podéis llenar de vuestras historias vuestra despedida y vuestro cariño", afirmó Martínez.

Mas, antes, el Arzobispo de Oviedo había regalado a los presentes una profunda y sentida homilía, en la que describía con gran cariño al difunto. "Don Juan Bautista no era un cura cualquiera, y él me lo hizo saber desde el primer momento. No os descubro nada si os digo que era fácil quererle, que se ponía cercano a tiro, y siempre dispuesto a cualquier requiebro. Interesándose humanamente, por tu propia humanidad", señaló el Arzobispo.

"El corazón que él tenía pedía batalla de su cuerpo, inmenso. Y en ese corazón grande de padre y de buen hermano, todos hemos cabido dentro. Por eso no es fácil, sabéis, presidir un funeral por alguien que has querido, que has acompañado", reflexionó Sanz, quien se declaró "sobrecogido" por pensar si tendría que pedir perdón por no haber estado, en algún momento, a la altura de las necesidades de su amigo.

El Arzobispo destacó también la labor del fallecido como delegado de Enseñanza: "Don Juan Bautista trabajó durante muchos años en la Delegación de Enseñanza de nuestra diócesis, en años que no eran fáciles. Y él estuvo cerca de aquellos profesores de Religión ya entonces con un trabajo incierto. Peleando con ellos, no tanto la lucha de un privilegio, sino en la indómita pelea por la libertad. Una libertad de la que él fue defensor y luchador en primera línea, como tantos de los presentes podríais también confirmar. Cerca de los profesores de Religión, cerca de los padres de los alumnos, cerca de los alumnos también", afirmó Sanz, que destacó "esa humanidad tan propia de los hombres buenos" que destilaba el difunto.

El Arzobispo dejó también un lamento, al recordar que, en sus seis años en Asturias, ha ordenado a 15 sacerdotes y enterrado a 64. Una desproporción que calificó de "desmesurada, provocativa", pese a asumirla como designio divino.

Jesús Sanz, en todo caso, no quiso concluir su homilía con un lamento, quizás en el convencimiento de que eso no haría justicia a Juan Bautista Álvarez. Cerró su parlamento con esa otra imagen, tan cercana, tan evocadora, del sacerdote hablándole a Dios de su pueblo: "Nos acompañamos como sabemos y podemos, nos abrazamos y quizás tengamos unos días, no sé cuántos, en los que no dejaremos de contarnos unos a otros las mil anécdotas llenas de ternura y simpatía de quien, aquí en Pola de Siero, no dejó de contar en bable, en un simpatiquísimo asturiano, con la excusa de unos huevos, lo que había ocurrido en el último año. Eso le contará en bable, al Padre Eterno que todo lo entiende y todo lo sabe, sobre este año y tantos que nos han antecedido".

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