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Toneladas de sabor en Noreña

"La clave son las cuatro 'p' de los callos: pegañosos, picantes, pequeños y pulcros", afirman en la Villa Condal, que comenzó a despachar más de 5.000 kilos del producto

06.12.2015 | 12:02

El amante del buen comer pasa de la OMS y orienta sus preferencias por los consejos que le da su paladar. Al menos eso dan a entender muchas de las cientos de personas que ayer disfrutaron del primero de los cuatro días de las jornadas gastronómicas de los callos de Noreña, que hicieron que los comedores de una veintena de establecimientos se quedaran pequeños para degustar el emblemático producto local.

Buena parte de los comensales coinciden en que la clave del éxito de este plato, que tiene su mayor pico de demanda a finales del otoño y el invierno para combatir el frío, no esconde ningún secreto. "Están buenísimos", comenta la gijonesa Patricia Acebal, para explicar los motivos que le llevaron a visitar por primera vez la cita noreñense junto a sus amigos Iván González, Paula García, María de la Fuente y Juan García. "Hay motivos para repetir", comentó el grupo, que aprovechó su estancia en Casa El Sastre para disfrutar de otros productos estrella como el picadillo.

Otros simplemente se dejaron caer por la Villa Condal para no perder una de esas costumbres que no dejan de ser buenas pese a repetirse, en el caso de las jornadas noreñenses, desde 1968 de manera ininterrumpida. "Solemos venir todos los años y lo hacemos de muy buena gana", explica el vecino de Tiñana Aladino Rodríguez mientras se lleva una cucharada a la boca en compañía del también natural de Tiñana, pero vecino de El Berrón, Luis García, en el restaurante "El Casero".

Un gozo que no sería posible sin el buen hacer de decenas de personas que durante estos cuatro días se dejan la piel en las cocinas para ofrecer una cantidad de callos que algunos estiman que superarán las cinco toneladas a lo largo del largo fin de semana. "Tenemos 400 kilos disponibles y listos para ser servidos", comenta el gerente del restaurante Letual Héctor Cueto, mientras abre las puertas de las cámaras frigoríficas y deja ver las enormes cantidades de callos almacenados en su establecimiento.

Justo a escasos metros, la cocinera Pilar Vilar vigila una gran olla cargada de callos preparados con esmero y con la ayuda de un equipo que completan Meli Dieguez, Carmen García, Begoña García y Ana Cardón. "La limpieza es la base de todo y luego ya está el buen hacer y la buena mano de las cocineras", explica una Vilar que se muestra lista para afrontar un laborioso pero provechoso fin de semana. "Hay mucho trabajo, pero eso es muy bueno", comenta con humor.

Situación similar es la que vive Eva Fernández, propietaria del Bar La Plaza, que, ayudada por su tradicional cocina de carbón, atendió a los numerosos clientes que abarrotaron sus dos turnos de comidas y cenas. "Viene gente de toda Asturias sólo para comer nuestros callos", relató. Una demanda que opina que se debe a la buena fama conseguida por un producto, cuya clave se resume en cumplir con lo que llama la regla de las cuatro "p". "Antes se decía que tenían que ser pequeños, pegañosos y picantes, pero ahora se añade que pulcros por la importancia de la limpieza", comenta la mujer que lleva al frente del establecimiento hostelero desde hace casi ocho años.

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