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Volverás a la Pola por Comadres

La emblemática celebración se revela como reunión anual para grupos de amigos de la localidad a los que la vida ha ido distanciando

05.02.2016 | 03:59
Volverás a la Pola por Comadres

A sus 4 años de edad, la polesa Laura Delgado Vicente celebró ayer su primera fiesta de Comadres. La niña era la más joven de la pandilla multigeneracional y mixta, como mandan los cánones, que formaban sus padres, David Delgado y Rocío Vicente, y sus numerosos amigos. Un grupo que se reúne cada año para celebrar la fiesta y que ayer participaba en la concurrida merienda de la plaza cubierta de Pola de Siero.
"Quedamos desde siempre. Antes nos reuníamos en la casa de alguno o en un restaurante, pero estos dos últimos años hemos venido a la plaza, porque hay espacio, puedes traer la comida de casa y, además, tienes música", explica Silvia Palacio. Precisamente, la animación musical es el principal atractivo de la fiesta para la pequeña Laura. "¿Cuándo empieza el baile?", le pregunta, insistentemente, a su madre, Rocío Vicente, mientras la pandilla disfruta de una animada merienda-cena con especial protagonismo para los bollos de comadres.

Para los mayores, en cambio, el atractivo de la fiesta es otro: el poder reencontrarse con los amigos de la infancia o de los años estudiantiles. "Somos de la Pola de toda la vida, nos conocemos de siempre. Pero es difícil reunirse. Para les Comadres nos organizamos a través de un grupo de whatsapp: lo llamamos ´Chigreros 2016´", comentan, entre risas, Eva Rodríguez y Silvia Palacio.

Esta es, en esencia, la auténtica relevancia de la fiesta para los polesos: la oportunidad de reencontrarse con los amigos a los que ya no ves siempre que querías. Los polesos de la diáspora siempre vuelven a casa para la fiesta de Comadres.

"Estudiamos juntos en el instituto, el Río Nora. Nos licenciamos hace ya cinco años, ahora estamos todos trabajando o en la universidad, cada uno por su lado", explica Inés Pérez, que comparte mesa con otro grupo de amigos, cerca del grupo de la niña Laura Delgado. "Pero todos los años nos reunimos por Comadres, antes en un piso que teníamos y ahora aquí, en la plaza", añade Ángela García, al tiempo que sirve una copa a su amiga.

Las pandillas son de lo más variado, siempre con el denominador común de una amistad que se resiste a cuartearse por el paso de los años. "Somos compañeros de la vida", explica Yaiza Rodríguez, que celebra Les Comadres junto a un nutrido grupo de amigos y amigas de la Pola y alrededores.

La plaza fue punto de reunión de muchas de estas pandillas. Pero fueron multitud los que se citaron en alguno de los numerosos restaurantes de la localidad. En el Abrelatas, lleno hasta la bandera, había una gran espicha colectiva en la que estaban, entre otros grupos de amigos, el formado por Diana Rodríguez, Tatiana Fernández y su pandilla. "Somos amigos de aquí, de la Pola. Nos reunimos todos los años, pero no vamos a alargar mucho la fiesta. Mañana nos toca madrugar a la mayoría, para trabajar, así que no la vamos a liar", explica Diana Rodríguez, aunque su opinión encuentra una rápida réplica por parte de Aida Suárez: "Yo sí que voy a quedar de marcha", afirma la joven.

Más allá de precisiones horarias, la relevancia de la fiesta de Les Comadres no reside en cerrar los bares o correrse una juerga homérica, sino en hacerlo en compañía de esos amigos a los que añoras. Y eso lo saben bien en la Pola.

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