Aprendiviaje

Las acciones de la Fundación Agua de Coco en Madagascar y la transformación social

08.02.2016 | 03:55
El autor del artículo, con un niño en Ivato (Madagascar).

Hay viajes y VIAJES. Todos nos aportan experiencia y conocimientos nuevos, pero el que he tenido el lujo realizar con uno de los viajeros más auténticos que existen en nuestro planeta, y lo digo con conocimiento de causa, mi amigo y compañero Alberto Campa, ha sido irrepetible y, sin duda, una aventura que recomiendo hacer a todos al menos una vez en la vida.

Acabo de retornar de África. Además de múltiples anécdotas y de haber visto y vivido infinidad de experiencias irrepetibles, la que más me ha aportado, como persona y como profesional, ha sido poder ver en terreno las acciones que tienen en marcha la Fundación Agua de Coco, en Madagascar, con la que estreché lazos hace ya tiempo.

Coincidió nuestra estancia con la de un grupo de voluntarias francesas en un campo de trabajo solidario en sus granjas escuela. Esto me hizo reflexionar sobre la importancia vital que tienen para las generaciones que nos preceden esta inmersión en distintas culturas e idiomas.

Conocer otras realidades sociales, muy lejanas a sus cómodas vidas, implicarse en labores solidarias y de cooperación con quienes más lo necesitan, convivir con personas diferentes, con distinto idioma, distintas costumbres, distinta forma de ver y afrontar la vida es el mejor regalo que pueden recibir nuestros jóvenes.

El aprendizaje adquirido en este tipo de viajes, nada tiene que ver con el que están acostumbrados a recibir en un aula, en un máster, en cursos de expertos...

Sin desmerecer la labor académica de los docentes de nuestro "primer mundo", importante y necesaria, la estancia en terreno vivenciando programas de integración y ayuda bien estructurados dota a los participantes voluntarios de competencias vitales para su desarrollo como personas.

Comparten, conviven, se implican, ayudan, empatizan, se esfuerzan por el día a día, viven experiencias duras, y, todo esto, genera en su interior un aumento de su autoestima, confianza, seguridad en sí mismos, capacidad de liderazgo, aptitudes para el trabajo en equipo, y, entre otras muchas cualidades, incrementa la tolerancia.

Las experiencias globales de aprendizaje nos transforman, por eso es fundamental que se tenga en cuenta esto en nuestro relevo generacional. Los jóvenes que tendrán que hacer frente a los grandes retos del futuro estarán mucho más capacitados si llevan en su mochila una experiencia voluntaria, que les ayude a modificar también su realidad cotidiana.

No todos vuelven, algunos, como Nadja, deciden quedarse y es en la actualidad coordinadora en Fianarantsoa del programa de escuela ambiental que tiene Agua de Coco y hace también de tutora de nuevos voluntarios.

La transformación social es una responsabilidad de todos. Tengamos esto en cuenta cuando pensemos en una formación integral de los jóvenes.

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