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Ramón García: "No se me va la imagen de mi madre asesinada por los falangistas"

El veterano socialista sierense publica su tercer libro de memorias, lleno de penalidades pero también de esperanza

09.03.2016 | 04:06
Ramón García Montes, ayer, en su casa de El Berrón.

Ramón García Montes no mira hacia atrás con ira. Con dolor sí, pero nunca con ira. El compromiso socialista le costó la vida a sus padres, y a él una infinidad de penurias que culminó con un prolongado exilio en Bélgica. Ahora, desde su casa en El Berrón, este socialista de raza, presidente de honor de la agrupación sierense del PSOE y que acaba de sacar su tercer libro de memorias, "Una vida marcada por la esperanza y el amor por la paz", recuerda su vida para LA NUEVA ESPAÑA.

Natural de La Hueria de Carrocera, donde vino al mundo cuando flaqueaban los almanaques de 1927, Ramón García Montes era uno de los siete hijos de Felipe García y Bibiana Montes, dos socialistas comprometidos. "Durante la Guerra Civil mi padre era el Jefe del Comité de Guerra de La Hueria de Carrocera. A ella la presionaban para tratar de sacarle información acerca de dónde estaba él. Le quemaron la casa, la metían presa...", relata.

Desterrada su madre, ya en la posguerra, García Montes tuvo que mendigar y acabó entrando al servicio de varios amos. Las peripecias que padeció son dignas de un Lázaro de Tormes, aunque sin picaresca alguna. Sólo la cruda amargura de la posguerra: "El primer amo que tuve fue muy malo. No me daba de comer, pero una hermana me pasaba comida clandestinamente", relata. A aquel primer amo brutal seguiría otro, que le trataba mejor pero tenía unos arranques de coléra que le llevó a marchar de la casa tras una discusión. Era 1941, "el año del hambre", y Ramón García Montes se fue a Celles, a servir a casa de un andaluz que se había casado con una del pueblo.

Estaba a gusto en la casa, pero su madre, retornada del destierro, fue a buscarle para volver a La Hueria. A los cuatro días, la asesinaron. "Fueron los falangistas, le dieron palos hasta que la mataron. No se me quita la imagen de la cabeza, ella tirada en la cama, toda esa sangre...", recuerda, dolido, García Montes. Buscaban a su padre, Felipe García, que luchaba contra el fascismo en Francia. Allí desapareció.

De ellos heredó García Montes su compromiso socialista. El mismo que le llevó primero a ser enlace de los guerrilleros antifranquistas y, ya en 1962, a organizar asambleas clandestinas para los mineros en huelga en un bar que regentaba en Gijón. Hasta que un Guardia Civil se enteró y le mandó llamar al cuartel. "Tenía un pasaporte que había obtenido por mediación de un militar republicano del cuartel de Simancas. Así que marché al exilio", relata.

Se fue a Bélgica, donde se reunió con él su esposa Consuelo Martínez. Allí permanecerían 22 años, y otro tanto residirían, ya retornados a España, en Málaga. Hasta que nueve años atrás decidieron volver a la tierra de la que tuvieron que irse por sus ideales.

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