Sporting

El origen de mi profesión de fe rojiblanca y los secretos del templo gijonés de El Molinón

19.05.2016 | 03:55
Sporting

Para un aficionado del Sporting, como para el de cualquier otro equipo, hablar o escribir del fútbol es como hablar o escribir de religión: cuestión de fe. Aunque creas en lo que ves, la pasión aumenta con lo que no ves y muchas veces te imaginas. La emoción con el equipo, sus mitos y leyendas, forjaron poco a poco esa creencia.

Cuestión de fe y de partidos, de historia y épica: Pocholo, Quini, Ferrero, Joaquín, Luis Enrique, la UEFA, "la portería de los goles", "el jorobu", "el centenario", Mareo, el himno, el Trofeo Carranza, "los matagigantes", el Guaje, las camisetas, el escudo, las dos finales de Copa, "El Sporting a Turín y el Oviedo a Turón", las banderas, El Costa Verde, Careaga, la moneda, "la mareona", "Ahora, Quini, ahora" ? y El Molinón, el templo sportinguista, el santuario al que acuden miles de devotos en pos de triunfos, milagros y vivencias. En ocasiones, con mucho sacrificio.

Como todo relato tiene su principio, fue allí, en El Molinón, donde celebré mi bautizo rojiblanco. Gracias a internet, ahora sé que fue un domingo, el 27 de febrero de 1966, cuando elegí al Sporting por bandera. Supongo que la elección forma parte del aprendizaje y de algún momento concreto de la vida.

Mi estreno sportinguista fue un día frío y muy lluvioso de invierno. Poco faltó para que en el bautizo hubiera sangre. Recuerdo el viaje en la furgoneta de mi padre por el alto de La Madera, la tribuna de COES, el disparo a puerta de un jugador del Oviedo, a gente que se mueve en la grada y a nosotros, arrastrados, cayendo en avalancha. Luego, gritos, lloros y suspense; una parte de la afición que salta al césped y el cambio de grada. En "La Tribunona" vi el partido a medias. Apenas atisbaba a ver el campo entre una masa remojada y nerviosa. Ante espaldas, sobacos y cabezas, el partido se volvió un caleidoscopio de rayas rojiblancas, verdes y azules, mezclado con olor a tabaco. Recuerdo la victoria, 1-0, y la emoción incontenible de la gente en la vieja tribuna de madera. Amengual fue mi primer héroe, pero hubo más batallas. Un año después, Sporting 5-Real Oviedo 4. No hicieron falta premios ni recompensas para que el que fuera niño entonces crea.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine