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El ímpetu de las aguas blancas de Quirós

Las abundantes lluvias de esta primavera realzan el fenómeno de los guirrafes, que cautiva a vecinos y visitantes del concejo

25.05.2016 | 04:09
Arriba, Juanjo Arrojo inmortalizando los guirrafes. A la izquierda, uno de los tramos del recorrido del agua.

Miles de litros por segundo, de aguas blancas, brotan en varios lugares, ocho, cercanos entre sí, en las faldas del macizo de Ubiña. Caudales impetuosos e imprevisibles que invaden prados y caminos y que conforman un espectáculo natural impresionante. Más de doscientos metros de cascadas precipitan esas aguas espumosas al río Ricao.

Las abundantes lluvias del pasado mes de abril y del actual de mayo han colmado los grandiosos depósitos del macizo de Ubiña y las aguas manan ahora, impetuosas, multiplicando varias veces el caudal del río. Las dos minicentrales eléctricas del concejo, Hidroeléctrica de Quirós, notan ese aumento de las aguas y se benefician de ese aporte hídrico para aumentar su generación eléctrica. Algo similar pasa con la central eléctrica de Proaza, que se nutre con los ríos Quirós y Teverga.

En la parroquia de Ricao, en un lugar llamado Pará, a tres kilómetros aproximadamente del pueblo, se localiza este fenómeno natural. Allí, probablemente desde hace siglos, los vecinos conocen, sufren y disfrutan de estas aguas que invaden sus fincas y cortan su camino a las brañas de Las Infiestas y L.laseiru. Los garrafes o guirrafes, son conocidos y visitados por muchos quirosanos y cada vez por más foráneos. Las heladas y otros fenómenos meteorológicos pueden provocar que se cierre la salida de aguas de un día para otro. Cuatro caudales principales: el garrafe la Corraina, el garrafe Viechu, el de Faya la Mediá y La Fontona, y otros cuatro menores. Estos sólo afloran cuando hay demasiada agua en los depósitos calizos y brotan entre la hierba de las fincas cercanas. De los cuatro importantes, dos de ellos, La Fontona y el Viechu, suelen tener más continuidad en su caudal, aunque en el verano suelen secarse.

Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico, que data de 1850, se refiere a ellos: "a una legua del pueblo, en el sitio llamado los guirrafes, brotan en ciertas épocas del año, con grande estruendo, unas aguas blanquecinas y de extraordinaria violencia. Tienen la particularidad de romper su corriente en el mes de abril, cuando los vientos son templados, y vuelven a secarse cuando el tiempo es frío. Al romper procede precede una detonación como de un cañonazo, y entonces los naturales retiran sus ganados de aquellos parajes para evitar que los arrollen las aguas".

Pese a la falta de infraestructura informativa y de tránsito, decenas de personas, muchos amantes de la fotografía, acuden a contemplar y extasiarse con los guirrafes. Un sonido de aguas, que se escucha casi desde el cercano pueblo de Bueida, anuncia la presencia de estas aguas blancas. Es un recurso turístico infrautilizado y sin dotación ninguna. Haría falta habilitar unas pasarelas adecuadas y unos paneles informativos, que la asociación cultural Campu Faya, de Ricao, sugirió en varias ocasiones.

El agua del deshielo y la roca caliza son las claves para poder explicar en cierto modo este fenómeno. La roca caliza se agrupa en esta zona en grandes macizos, como el de Ubiña, siendo muy resistente a la erosión mecánica, pero no a la disolución por la acción de agua del deshielo.

Probablemente, el agua del deshielo que proviene de las cumbres se filtra por numerosas grietas y pozos hacia unos enormes depósitos internos que van recogiendo los vertidos. Cuando se rebasa el nivel de dichos embalses naturales lo vierte, por sus bocas, al exterior. La detonación que se escucha, cuando brotan por primera vez, es debido al aire que hay en los conductos, que es propulsado por la fuerza de las aguas. Pero todo esto no explica su magia.

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