07 de agosto de 2016
07.08.2016

Les Campes triunfa al caer la tarde

Los cambios de costumbres y la crisis, que ha acortado las vacaciones, llenan las terrazas de la hostelería polesa en verano, tradicionalmente vacías

07.08.2016 | 06:14

Los hábitos veraniegos han cambiado mucho de un tiempo a esta parte, y los establecimientos hosteleros quieren sacar partido de las nuevas costumbres. Especialmente en la sierense plaza de Les Campes, que parece diseñada para el verano. Hubo un tiempo en el que la Pola se quedaba vacía al día siguiente de que acabasen las fiestas de El Carmín (mediados de julio), y especialmente en agosto, la localidad era un erial. Ahora, sin embargo, la gente llena las terrazas de la villa.

Una de las razones es el cambio en el mercado laboral. En primer lugar, cada vez son más trabajos los que dividen las vacaciones en quincenas, con lo que las familias no se van un mes entero. Por otra parte, la mujer ha entrado en ese mercado laboral y las familias deben compaginar los periodos vacacionales de los padres. Así, mucha gente se queda en el pueblo largas temporadas de verano.

Por otra parte, está la irrupción de la crisis, que hace que mucha gente decida no irse de vacaciones. Pero tampoco es plan de quedarse en casa. Entonces, los bares, y especialmente las terrazas, tienen siempre mucha gente.

El buen tiempo, sin embargo, es un arma de doble filo para Les Campes. Como sostiene Santiago Rodríguez, del Rinconín de Les Campes, "cuando hace mucho sol, la gente se va a la playa, sale por ahí, y aquí se ve poca gente al mediodía". Así es. Les Campes triunfa los días buenos, pero lo hace solo al atardecer, cuando la luz empieza a declinar y la gente regresa a la Pola de la playa, de la piscina o de cualquier excursión diurna. "Lo que nos viene mejor son los días nublados, que no llueva pero nublados, porque la gente entonces no se va, y la plaza se llena", dice.

Lo cierto es que hay un gran contraste entre el día y la noche, la tarde-noche. El sol no le sienta bien a la sesión vermú.

Sin embargo, los últimos rayos sirven, y mucho, para alimentar el ambiente de la plaza. "A última hora es cuando se junta todo el mundo; siempre fue así, sobre todo por el verano", dice Cristina Ordiales, presidenta de la Asociación de Hosteleros de Les Campes, un colectivo que aglutina a veinte establecimientos de la zona, entre bares, restaurantes, sidrerías o discobares. En agosto, especialmente los fines de semana, a última hora de la tarde es cuando empieza a salir la gente. "A mi me encanta venir a las ocho de la tarde y ver cómo cada vez llega más gente; hay un ambiente impresionante, no apetecer marchar para casa", dice Rubén Camblor, asiduo de la plaza.

Una de las ventajas de Les Campes (aunque habrá quien lo vea como un inconveniente, que para todos los gustos hay) es que funciona también como zona infantil. Son muchas las familias con niños pequeños que pasan allí la tarde. Es una zona muy acotada y manejable, y los niños pueden estar a sus anchas mientras los padres ocupan las terrazas. Ahora, Les Campes busca dar un paso más. Quiere aprovechar este tirón que tiene como centro neurálgico del terraceo poleso -con permiso de la plaza Cabo Noval, que está ganando enteros en los últimos tiempos- para afianzarse más como territorio obligatorio de la afición chigrera de la Pola.

Santiago Moro ve en la unión de intereses que hay en la hostelería de la zona una oportunidad única para organizar eventos que atraigan más gente. "Lo que estamos haciendo por San Juan funciona muy bien, y ahora deberíamos buscar hacer más cosas, aprovechar el tirón para organizar otras fiestas que sigan trayendo gente", dice. Además, ahora los hosteleros de la zona tienen la ventaja de su buena relación con la Sociedad de Festejos de la Pola, que está colaborando con ellos. Después de un tiempo con ciertas tensiones, ambas partes terminaron por llegar a la conclusión de que ir de la mano iba a ser más beneficioso que estar enfrentados, y la relación terminó por ser fluida y positiva.

Cristina Ordiales menciona la posibilidad de hacer fiestas o jornadas gastronómicas en la que estén involucrados todos los establecimientos, no solo los que dan comidas. Los discobares tratarían de sumar a la oferta gastronómica alguna propuesta original. "El caso es que todos nos damos cuenta de que haciendo cosas juntos nos va mejor; es de lo que vivimos y hay que aprovecharlo", dijo la presidenta del colectivo.

En cualquier caso, la plaza ya se ha afianzado como uno de los espacios señeros del verano poleso, independientemente del mes en el que estemos. La Pola ha recuperado agosto y no quiere dejarlo escapar.

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