08 de agosto de 2016
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Devoción de ida y vuelta en Lieres

"Veníamos muchos veranos, la Salud era nuestra fiesta", dice Rocío Moro, recién llegada de México para disfrutar con su familia en el santuario, lleno hasta la bandera

08.08.2016 | 15:36
Devoción de ida y vuelta en Lieres

El santuario de Nuestra Señora de la Salud fue escenario ayer del acto religioso central de las fiestas de Lieres (Siero) en honor de la Virgen, que congregó a centenares de fieles en el entorno de la capilla. Es esta una fiesta con una gran raigambre que atrae a gente de toda Asturias, y en ocasiones hasta de otros países.

Es el caso de Rocío Moro, que recalaba ayer en el santuario llegada de México. Hija de Faustino Moro, un vecino de Lieres emigrado al país americano que se casó allá con Alicia López, mexicana hija de asturianos, desde niña ha vivido con mucha intensidad la fiesta. "Veníamos muchos veranos a Lieres, y La Salud era nuestra fiesta, mis hermanas y yo la vivíamos con mucha alegría; veníamos andando desde casa de nuestra tía, comíamos todos juntos y lo pasábamos muy bien".

En esta última visita acudió en familia al santuario, con sus padres, su marido Ángel Rañal, su hija Natalia y su sobrina Paula. Es una forma de reeditar en las nuevas generaciones una devoción que ya es tradicional en su familia.

Como ellos, son muchos los fieles que no se quieren perder los actos, que comienzan con una misa solemne, cantada por la coral la Santa María de Lieres y acompañada por la banda de gaitas y el grupo de baile Los Yerbatos.

Una vez concluida la ceremonia, comenzó la procesión. La imagen de la Virgen precedida por la banda y seguida por una multitud de devotos, fue llevada en andas por las inmediaciones del santuario. Como es costumbre, algunos vecinos le lanzaron pétalos de flores a la imagen cuando pasaba delante de sus viviendas.

Y una vez que la Virgen volvió a asentarse junto al altar, los fieles se arremolinaron en torno a la imagen para tocarla y hacer sus peticiones. En ese momento se produjo lo que se ha dado en llamar "la batalla de las flores", en la que algunos devotos se disputaban las flores de los centros colocados junto al altar. Algunos se llevaron ramos enteros.

En el lateral de la iglesia se vendían estampas y recuerdos, y se encendían velas en honor a la Virgen bajo un sol radiante. "Esta es una fiesta muy especial, tiene algo, y nunca nos la perdemos", aseguraba Valentín Alonso, de Pola de Siero, que asiste rigurosamente a la ceremonia todos los años con su mujer, Teresa Álvarez.

Como ellos, se cuentan por centenares quienes ven en la Virgen de la Salud algo más que en las fiestas convencionales.

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