17 de agosto de 2016
17.08.2016
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La inundación que alumbró Villanueva

La capital de Santo Adriano surgió tras la destrucción a causa de un torrente de la aldea original de San Romano, según la excavación arqueológica

17.08.2016 | 08:09
Los arqueólogos trabajan en el yacimiento de Santo Adriano para determinar el alcance de la inundación de San Romano.

El pasado día 7 se cumplieron veinte años de la inundación de Biescas (Huesca) que costó la vida a 87 personas. Y algo parecido pasó en San Romano, el núcleo primitivo anterior a Villanueva de Santo Adriano, donde un torrente destrozó el asentamiento poblacional entre finales del siglo XIII y principios del XIV. Ésta es una de las conclusiones de la investigación que desarrolla "La Ponte-Ecomuséu" y la University College de Londres, dentro del proyecto "Arqueología Agraria" que dirige la arqueóloga asturiana Margarita Fernández Mier.

"En la campaña de 2010 advertimos una inundación pero no sabíamos su dimensión, por eso este año hicimos una nueva investigación para documentar bien el espesor del sedimento y hacer un cálculo temporal con carbono 14", explica Jesús Fernández, arqueólogo. Así determinaron que se produjo un torrente (inundación rápida de agua y lodo) del regueiro San Romano que destruyó la aldea alto y pleno medieval y sus tierras de cultivo. Además, precisan que se produjo en un momento de cambio climático global, que supuso un enfriamiento que duró hasta mediados del siglo XIX, conocido como la pequeña edad de hielo.

Este torrente tuvo efectos catastróficos a corto plazo, que obligaron a trasladar el asentamiento al otro lado del río, lo que hoy se conoce como Villanueva. De ahí el topónimo. Precisamente la fundación de la villa en época medieval y su ordenación, así como la edificación del puente medieval y documentos históricos lo que llevó a los arqueólogos a sospechar que hubo un asentamiento anterior.

Además, a largo plazo también tuvo sus efectos. En los siglos XVI y XVII, la nobleza de la zona requirió a la Corona los terrenos argumentando su improductividad con el fin de construir en las antiguas tierras de cultivo sus casonas solariegas. La primera es la de Muñiz-Prada, del siglo XVIII.

Por otro lado, la excavación arqueológica que comenzó en 2009 volvió a abrir campo en la misma zona que el año pasado para determinar la evolución de los espacios de cultivo que hay alrededor de las aldeas asturianas tomando como referente Villanueva. En ese sentido, han concluido que se trataba de fincas cercadas perimetralmente con un muro, cuyas parcelas sólo estaban divididas por muñones, donde se plantó principalmente cereales panificables con métodos fertilizantes distintos a los de la actualidad. Empleaban los restos orgánicos de las casas en lugar de excrementos animales.

Además, han llegado a una zona con vestigios de edificaciones. Se trata de varios hoyos para postes y un suelo. Aunque deberán esperar al año que viene para ahondar en su origen y transformación.

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