25 de agosto de 2016
25.08.2016
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"Vi los fuegos de San Pedrín", dice la octogenaria de Sariego perdida dos noches

Elena Solares fue hallada a trescientos metros de su casa | Oyó cómo la buscaban, explicó, pero al no reconocer las voces de su familia optó por callar

25.08.2016 | 03:04
Juan José Foncueva (hijo), Rubén Foncueva (nieto), Fermín Álvarez (quien la encontró) e Iván Foncueva (nieto), delante de la casa del primero, ayer, tras hallar a Elena Solares, en el recuadro.

"Sentí pasar gente por aquí cerca, muchos coches y a los helicópteros que me estaban buscando, pero yo estaba esperando a ver si vosotros me llamábais...". Y como no reconoció la voz de ningún familiar entre la gente que la buscaba, pues optó por callarse y no alertar de dónde se encontraba.

Elena Solares, la vecina de San Román de Sariego de 84 años que desapareció la tarde del lunes, fue encontrada ayer por la mañana en perfecto estado de salud -está en observación en el hospital dada su avanzada edad- y, como pudo comprobar su familia, con su habitual genio intacto, hasta el punto de bromear con que no la habían buscado los suyos. "Vi los fuegos artificiales de San Pedrín", remató con humor, en referencia a las fiestas de Narzana, que se celebraban cerca de donde fue hallada ayer.

Un amigo de su nieto la encontró en una zona boscosa, cerca de la fuente y lavadero de La Pinga, a unos 300 metros de su casa. Pasó día y medio perdida (con dos noches), mientras tuvo en vilo a familiares y amigos en todo Sariego, donde los vecinos se volcaron con su búsqueda, con la Unidad Canina de Rescate, los bomberos de Villaviciosa) y a la Guardia Civil

"¡Puff! Sentí emoción, porque es la güela de un amigo, una persona mayor y estaba viva!", apuntó Fermín Álvarez, que fue quien encontró a la mujer sobre las diez de la mañana. El lunes, tras estar en casa de su hijo Juan José Foncueva en Les Cases del Monte, decidió volver a pie hasta la suya, en San Román. Lo hizo por un atajo primitivo que lleva años sin utilizarse y está lleno de maleza.

Según explicó Joaquín Naredo, "se descontroló y desvió. Venía bien orientada, pero perdió el control". Le quedaban como unos 50 metros para llegar hasta el lavadero de La Pinga, al lado de la carretera entre Verdera (Nava) y San Román, casi enfrente de su casa.

"Ayúdame a levantarme, que llevo aquí dos días", le pidió Elena Solares a Fermín Álvarez cuando éste le dijo que era amigo de su nieto Iván Foncueva. Le explicó que había caído -creen que al tropezar con un tronco- y no pudo levantarse. "Estaba tranquila, lo único que decía era que no podía levantarse y le dije que estuviera tranquila y le dimos un poco de agua", explicó el hombre. "Estaba bien, recordaba bastante y sólo tenía unos golpes en la pierna, brazo y cara". En cuanto pudo avisó a los otros dos compañeros de rastreo, Isaac de la Roz y su novia, Patricia. Esperaron a que la evacuaran en camilla y el personal sanitario le prestó las primeras atenciones médicas. Fue trasladada al Hospital Universitario Central de Asturias para examinar su estado en mayor profundidad. En principio permanecerá en observación hasta hoy, explicó ayer tarde la familia.

"Ya no sabía qué pensar porque estaba todo andado. Ya piensas hasta si la llevarían...", reconoce Fermín Álvarez. Cuando su otro nieto, Rubén Foncueva, que tampoco dejó de rastrear los alrededores, le preguntó "¿qué, güelita?", ella le espetó: "¿Dónde estuviste ayer, que no me estuviste buscando?". Genio y figura, cualidades que le permitieron a buen seguro aguantar en soledad dos noches a la intemperie, en medio del bosque, sin comida ni bebida y a sus 84 años. Después de casi 48 horas desaparecida, la mayoría había perdido las esperanzas de encontrarla con vida. "Ayer (por el martes) marché para casa disgustado porque ya no sabías dónde mirar", reconoce el Alcalde, Saúl Bastián. Pero ella no perdió su energía. Se quejó de que el tronco de un árbol le hacía estar incómoda porque no podía moverse. "No era capaz de dar vuelta", lamentó.

"Había unes mosques que no me dejaron en paz..."

Elena Solares también cargó contra las moscas, a las que tiene especial manía, según cuenta su familia, pues en casa no hay una que se escape a su matamoscas. "Había unes mosques que no me dejaron en paz...", apuntó. La mujer también contó que desde allí escuchaba ladrar a su perra y su mayor preocupación era que nadie hubiera ido a darle de comer y agua.

Sus hijos, Luis y Juan José Foncueva, se llevaron ayer la mayor alegría de su vida después del gran susto que nunca olvidarán. "No contábamos ya con nada curioso", apuntó el segundo. Cuando le comunicaron por teléfono que había aparecido su madre estaba llegando a Pandenes (Cabranes) para peinar la zona. "Ayer (el martes) pasaron por allí dos chavales, pero justo un poco antes se dividieron y no pasaron por donde estaba", lamentó Foncueva. "Debió de dormir en dos sitios diferentes en la misma zona". Fue afortunada, porque al estar en un lugar boscoso se pudo librar del calor que apretó estos días, pues no llevaba agua para hidratarse. Su hermano Luis, al poco de encontrarla, se llevó una riña de ella por insistir en que comiera una naranja, aunque al final logró que tomara un poco de yogur.

"No sé cómo agradecer a la gente todo lo que hicieron", comentó emocionado. Pues ayer también fue un día complicado, a pesar de que la encontraron por la mañana, pues bien temprano retomaron la búsqueda. "Tocó patear lo nuestro. Estuvimos mirando cunetas, pero íbamos a la aventura". No le dio ni tiempo a ver a su madre pues cuando llegó ya se la llevaba la ambulancia al hospital. Su nieto Iván Foncueva también coincidió en que es una mujer "con arranque". "Somos muy sangrinos, para lo bueno y para lo malo, y necios. Así que esto va a servir para que no lleve tanto la contraria", apuntó entre risas de cariño hacia su abuela.

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