03 de octubre de 2016
03.10.2016
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Hevia: "Espero no ser tan sólo el cura de San Pedro, sino el de toda la Pola"

Los fieles abarrotan la iglesia para el estreno del sacerdote al frente de la parroquia de la capital sierense, en sustitución de Sergio Martínez

03.10.2016 | 03:41

Las casualidades no existen. Seis años atrás, también en los primeros días de octubre, la parroquia del Buen Pastor de Ceares, en Gijón, estrenaba su nueva iglesia. Ayer, el sacerdote que lideró la iniciativa para construir aquel templo, Juan Manuel Hevia, se estrenó como párroco de San Pedro de Pola de Siero.

"Hermanos, las casualidades no existen: existen las causalidades", afirmó ayer Hevia, al inicio de su primera homilía al frente de la parroquia, cuando reveló esa circunstancia, esa coincidencia de fechas entre la renovación del templo del Buen Pastor y, seis años después, la llegada del nuevo pastor al templo de la Pola.

En su estreno poleso, Hevia estuvo flanqueado por compañeros sacerdotes y amigos. Además del nuevo rector del Seminario Diocesano, Sergio Martínez, a quien Hevia sustituye al frente de la parroquia sierense, le acompañaban en el oficio el arcipreste de Siero, José Julio Velasco, y los sacerdotes Andrés Fernández (párroco de San Lázaro, La Manjoya y San Esteban), Serrano Calvo (capellán de Cabo Noval), Fernando Fueyo (párroco de San Nicolás de Bari en El Coto y capellán del Real Sporting) y Manuel Fanjul (director de publicaciones de la Conferencia Episcopal), que asistió a Hevia durante el oficio.

No fueron los únicos apoyos del sacerdote. Numerosos fieles de la parroquia del Buen Pastor acudieron a la Pola para acompañar a quien ha sido su párroco durante trece años para mostrarle su cariño y respaldarle en esta nueva etapa, fundiéndose con los fieles de la parroquia de San Pedro, hasta abarrotar el templo.

Antes de su homilía, Hevia leyó un fragmento del Evangelio de San Lucas, aquel que concluye: "De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer". Partiendo de este punto, de la vocación de servicio que guía a los sacerdotes y, por extensión, a todos los fieles, Hevia trazó su homilía, en la que presentó a los fieles las líneas maestras que guiarán su labor pastoral al tiempo que recorrió su propia biografía.

Tal y como relató el sacerdote, su primer destino fue la parroquia de la Sagrada Familia, en Ventanielles. De ahí, pasó a ser párroco del Buen Pastor, donde permaneció trece años antes de su traslado a la Pola, haciéndose además cargo de la parroquia de San Juan Bautista de Celles. Un destino en el que sucede a tres sacerdotes que han dejado huella: el también maliayés Carlos Sánchez Martino, Juan Bautista Álvarez y Sergio Martínez, con quien mantiene una gran amistad desde sus tiempos del seminario.

"Cada uno de los sacerdotes somos como somos, distintos, porque Dios nos ha creado así", afirmó Hevia, que de igual modo precisó que "la parroquia de Pola de Siero no es una isla, aunque hay alguna isla en ella", en alusión al barrio poleso.

Además de la vocación de servicio, Hevia insistió en la necesidad de actuar para mejorar la parroquia y nuestro entorno, en general. "La esperanza no es pasividad, ni dejar pasar, ni dejar hacer", afirmó el sacerdote, que reflexionó sobre la actitud que deben mantener los cristianos, a partir de las propias reflexiones de San Pablo en su segunda carta a Timoteo, aquella en la que el mártir, encarcelado y próximo ya a su muerte, ofrece a su discípulo algunas directrices para afrontar su deber pastoral.

En este sentido, el sacerdote recordó que en una comunidad cristiana, la parroquia son sus fieles y cada uno haca su función, pero ninguno es más importante que los otros. "Todos y cada uno tenemos una función, formando un único cuerpo, que es el cuerpo de Cristo", afirmó. Su deseo final no obstante, no es sólo el de encabezar la parroquia, sino el de servir a toda la comunidad: "Espero no llegar a ser tan sólo el cura de San Pedro, sino el cura de la Pola", afirmó el nuevo párroco poleso, antes de que los fieles, de Ceares y la Pola, le brindasen un emocionado aplauso.

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