08 de octubre de 2016
08.10.2016
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Puja de clásicos en Siero

La subasta de la feria de la maquinaria, con veinte vehículos de todas las épocas, permitió a aficionados como Carlos Calero llevarse el coche de sus sueños

08.10.2016 | 08:45
Puja de clásicos en Siero
Un participante consulta la puja con Valero Serentill. f. torre

Los clásicos no envejecen y nunca pasan de moda. Esta premisa, que vale tanto para los libros como para el arte o, incluso, la vestimenta, es igualmente aplicable a los coches. Sólo un vehículo clásico puede competir en prestancia, clase e interés con los más avanzados diseños de la mecánica actual. Pero, aún asumiendo cierta inferioridad técnica, los clásicos tienen un valor añadido, algo intangible, que los hace singulares y, al tiempo, objetos de deseo.

Esta última cualidad se puso ayer de relieve en la Feria de la maquinaria que organiza GAM en sus instalaciones de Siero. Y es que la organización completó una intensa tarde dedicada a la venta de maquinaria con la subasta de una veintena de coches clásicos.

Toda la tarde, de hecho, fue una gran subasta, coordinada por Brad Marteen, de la casa de subastas de equipos industriales Ritchie Bros. En primer lugar, se subastaron máquinas y equipos para uso industrial, con gran éxito: cuatro vehículos y 52 máquinas hallaron nuevo propietario en la feria. Acto seguido, el objeto de la puja fue una serie de maquetas, que se vendió íntegra y cuya recaudación, 6.200 euros, se destinará íntegramente a la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE).

Mas el colofón llegaría al atardecer, cuando se subastaron los coches clásicos. En el lote había vehículos de toda época y condición: desde un Renault 5 Turbo hasta un Buick, desde un Alfa Romeo hasta un vetusto Ford A de 1929. Todos son clásicos por igual, como pueden serlo la chupa de cuero de James Dean y el traje "mil rayas" de Cary Grant.

Pese a que su tarea ya había terminado, Brad Marteen se encargó de manera altruista de esta última subasta, en la que las pujas fueron más comedidas debido a las cantidades mínimas fijadas por los vendedores.

Alguno, no obstante, encontró el coche de sus sueños. Es el caso de Carlos Calero, que adquirió por 6.000 euros un Ford Fiesta 1.6 de 1982. "Es el coche de mi infancia", explica Calero, que cuando vio el turismo no dudó, pese al mayor caché de otros vehículos en liza. "Mi padre tenía uno como éste, y lo añoramos. Hay muy pocos y está en buen estado, es un buen precio", explica Calero. Aunque en la subasta sólo se vendieron dos coches, a su conclusión varios vehículos cambiaron de manos tras negociaciones directas entre los vendedores y aquellos que buscaban, también, el coche de sus sueños.

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