09 de octubre de 2016
09.10.2016

Tijera contra el plumero de la Pampa en Lugones

Varios jóvenes participan en una quedada para erradicar la planta invasora de las praderas de la zona de El Cuetu

09.10.2016 | 04:32
Por la izquierda, Ana Otero, Celina Valle, Jairo Méndez, Beatriz Secades, Tarik Vázquez, José Carlos Nieto y Alba López, en Lugones.

Los jóvenes de Lugones declaran la guerra a las plantas invasoras. La plataforma ecologista Biodevas, creada recientemente por un grupo de amigos de entre 18 y 25 años, organizó ayer una quedada en la que siete personas tomaron parte, tijeras y palas en mano, con la intención de poner freno a la expansión de los plumeros de la Pampa en la zona de El Cuetu.

Los voluntarios se concentraron a las once de la mañana frente al centro de estudios y desde allí se trasladaron a una zona de praderas y arbustos, donde el joven José Carlos Nieto hizo una introducción sobre la especie. "Tiene una gran capacidad reproductiva, sólo con el aire pueden extenderse hasta 25 kilómetros a la redonda", explicó Nieto, que recordó que la planta llegó a Asturias en los años 60 para uso decorativo.

Por su parte, el voluntario y fundador de Biodevas Tarik Vázquez señala que la responsabilidad de frenar a la especie es por todos y defendió su importancia para mantener los ecosistemas naturales locales. "El predominio de los plumeros puede afectar a la flora local y obligar a la fauna a tener que desplazarse a otros lugares", sostiene.

En ese sentido, la joven Alba López pone como ejemplos de los malos efectos de la planta invasora la posible marcha de algunas aves como el milano negro, la paloma torcaz o alguna variable de pájaro carpintero que actualmente habitan en Lugones. "Son imprescindibles para contener las plagas de roedores e insectos que nos afectan en la vida diaria", argumenta esta apasionada de la ornitología.

Una vez concluidas las explicaciones, los siete participantes procedieron a atacar a las plantas. En primer lugar cortaron las copas cargadas de semillas, ayudándose de bolsas de plástico con las que tapaban las plantas para evitar la propagación de la grana. "Hay que tener mucho cuidado, porque su facilidad para reproducirse es máxima", declararon.

Posteriormente, se valieron de palas para arrancar las plantas desde la raíz para posibilitar su erradicación total de las zonas. "Vendremos un par de veces al mes para controlar que las plantas no vuelven a crecer sin tener que usar herbicidas", anunció, voluntariosa, Alba López.

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