03 de agosto de 2017
03.08.2017

La Pola despide a Esther Rozada, esposa del panadero Nicanor Hevia

Mujer trabajadora, sencilla y amable que trabajó en la empresa familiar que hoy regentan sus tres hijos, ha muerto a los 77 años

03.08.2017 | 03:43
Esther Rozada y Nicanor Hevia, en una fotografía antigua.

La Pola dio ayer el último adiós a María Esther Rozada, esposa del panadero Nicanor Hevia, fallecida de muerte repentina en su casa el pasado lunes, a los 77 años de edad.

Esther Rozada fue la mano derecha de Nicanor Hevia en la boutique del pan La Forna -situada actualmente en la avenida Ildefonso Sánchez del Río de la localidad- desde que abrió sus puertas en el año 1984. Allí trabajó codo con codo con su marido hasta que se jubiló unos veinte años más tarde, y aún después de jubilada era habitual verla por allí interesándose por los asuntos de la panadería.

En su entorno, la fallecida siempre ha sido considerada como una mujer muy trabajadora, sencilla y amable, con un carácter muy cercano. No era raro encontrarla con su marido por la Pola. Ambos se habían ganado muchas amistades y simpatías en el pueblo, y lo repentino de su muerte causó un gran impacto. Su familia recibió a lo largo de las dos jornadas que duró su velatorio a numerosos amigos y familiares que quisieron mostrarles sus condolencias. El funeral con sus restos se celebró en la iglesia parroquial de San Pedro de Pola de Siero, y posteriormente fue enterrada en el cementerio de la localidad.

María Esther Rozada deja tres hijos, Ana, Roberto y Moisés, y cinco nietos, Borja, Laura, Carla, Daniela y Aitana. Todos ellos han heredado de ella una capacidad de trabajo y de sacrificio que es casi una seña de identidad de la familia, y que se ha dejado ver siempre en el funcionamiento de la empresa.

Ana, Roberto y Moisés están a frente de la empresa familiar desde la jubilación de sus padres, y han tomado las riendas del negocio con la misma energía y capacidad de trabajo que han caracterizado siempre tanto a la fallecida como a su viudo, Nicanor Hevia, que cuando se jubilaron sabían que lo dejaban todo en buenas manos.

En los últimos años, además, la empresa ha ampliado horizontes, como el que supuso la apertura de la pizzería La Forna, regentada actualmente por Moisés Hevia en la plaza Cabo Noval, que se ha hecho un sitio importante en la hostelería de la localidad polesa.

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