09 de agosto de 2017
09.08.2017

Villaviciosa se consuela con el "reguero de bondad" que deja el piragüista fallecido

"La grandeza de una persona se mide por el hueco que deja y el suyo es enorme", describe la familia en una iglesia abarrotada para el funeral

09.08.2017 | 03:47
La iglesia parroquial de Villaviciosa, abarrotada ayer en el funeral de Miguel Ángel Valdés García.

Miguel Ángel Valdés García, el piragüista maliayés fallecido el domingo en accidente de tráfico a los 52 años, vivió dejando tras de sí un "reguero de bondad". Estas palabras son de Jorge Cabal, el párroco de Villaviciosa, quien ayer se dirigió a una abarrotada iglesia parroquial para dar el último adiós a un vecino que "pasó por esta vida haciendo el bien", un efecto que repartió entre familiares, amigos y todo el que tuvo oportunidad de conocerle.

Cuando la muerte llega "en mitad de la vida", como es el caso del deportista, que tenía 52 años, "produce una desazón y ansiedad mayores", expuso el sacerdote, quien aseguró que le gustaría que le recordasen como a Valdés García, por las sonrisas que dedicó. Los familiares agradecieron el cariño a las muchas personas que en estos dos días se han acercado a ellos para darles el pésame, que han compartido muy sinceramente su dolor "y han perdido algo más que un amigo", explicaron.

En un momento en que el impacto de tan inesperada muerte hace que escaseen las palabras, sus seres queridos las encontraron en una cita: "una persona no se mide por el tamaño que ocupa, sino por el vacío que deja cuando se va. Qué grande eres, Miguel", añadieron. El funeral contó con las voces del coro "Manín" de Lastres y con la presencia de varios integrantes de la Corporación maliayesa, además de diputados del Parlamento asturiano. El ámbito deportivo también estuvo representado, entre otros, por el presidente del Comité Organizador del Descenso del Sella (CODIS), Juan Manuel Feliz.

El templo parroquial se quedó francamente pequeño para dar cabida a cuantos quisieron despedir al maliayés, pintor profesional y un absoluto apasionado del piragüismo, un deporte al que se ha enganchado su ahijado, de siete años, hijo de una de sus sobrinas. "Uña y carne" con el deportista maliayés Manuel Busto, tenía pensado acudir este mes al campeonato en el que éste competiría con Beatriz Manchón. El dolor invade a sus seres queridos, quienes saben que "ahora hay que aprender a vivir sin él". Sienten, al mismo tiempo, que Miguel Ángel Valdés García les ha dejado "llenos" de su esencia y su calidad humana y por eso su marcha "desgarra y duele tanto".

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