12 de septiembre de 2017
12.09.2017

El día oficial del gochu

Una de las citas más entrañables para los noreñenses, con notoria afición a reunirse en torno a la mesa

12.09.2017 | 03:48
Monumento al gochu.

Resulta curiosa y notoria la afición de los noreñenses a reunirse en torno a alguna cuchipanda, siendo válida cualquier disculpa para ello, pues todas sirven. Un cumpleaños, las fiestas locales, un premio de la lotería, el probar unos chorizos que trajo uno de Proaza, unes truches de Laviana o el nacimiento de algún vástago son, repito, excusas o razones más que suficientes para celebrarlo con alegría del estomago, reuniendo parientes, tertulianos o amigos, pero siempre en torno a una mesa repleta de viandas.

Así, los miércoles de cada Ecce-Homo -se eligió ese día porque los demás estaban cargados de actividades similares- se celebraba en el palacio de El Rebollín y organizado por el recordado Javier Uría, una reunión gastronómica donde los costillares a la brasa eran plato principal. Allí se juntaban Gabriel Cuesta, Gabrielón el Roxu, que ejercía de fogonero; José Manuel Sebón García, que ejercía de partidor; el hotelero José Manuel Casero; Eloy Noval; Jesús Cuesta; Juanje y Juan Junquera; Tino Fonseca El Torneru; Carlos Flórez, y un largo etcétera de noreñenses que despedían las fiestas mayores igual que las habían comenzado: comiendo y bebiendo.

Pero Javier Uría Máqua, abogado, pintor, concejal y profesor, falleció en plena juventud en diciembre del año 1973 y, aunque su viuda Adela les ofreció el propio palacio para continuar celebrando allí el ya considerado típico asado, no volvieron a reunirse en tan noble e histórico lugar. En el Chigre de Alfredo, en una de las tertulias que allí tenían su encuentro, otro joven fallecido ¡madre mía, cuántas ausencias! Me refiero a Ulpiano Cores, primo de Javier y propietario de una piara en el palacio de Meres, ofreció un lechón a los componentes de aquella reunión porque había nacido el primero de sus hijos. Cumplió Ulpiano su palabra y el lechonín fue asado en los hornos de la desaparecida panadería de Braulio y Villa en la zona de Sorribas, y fue degustado solemnemente el sábado del Ecce-Homo en La Cuadra. Y Alfredo, el chigreru, contento porque sabedor él de que la carne de cochino pide vino, y de que cualquier celebración siempre resultaba beneficiosa para tener lleno el local. Todos hicieron elogios hacia el gochu sacrificado, pidieron un aplauso para Villa por el buen punto logrado, seguramente que otro para Ulpiano y su bella esposa Pastora, prometieron volver a reunirse para el año siguiente y, sin darse cuenta ninguno de los presentes, acababan de crear una de las citas más entrañables para los noreñenses: el Día del Gochu.

El médico Don Luis Peña Rubio había anticipado que el próximo gorrino a degustar correría a cuenta suya, el siguiente lo aportó Manolín Alperi El Tranquilo, y los siguientes ya a escote pericote. El tema iba a mayores y ya se comentaba que ese encuentro debería ser público, pero La Cuadra no daba para más, así que Susi Alvarez, concejal en aquel tiempo de 1985, lo incorporó al programa festivo del Ecce-Homo y, aunque siguió celebrándose en La Cuadra, ya alcanzó ese año el carácter popular que merecía y se pretendía, y sus carnes fueron repartidas al mediodía del sábado, y gratuitamente, entre los vecinos de Noreña y los visitantes de la fiesta. Hay quien recuerda, que, incluso acompañados de gaita y tambor, llevaron las cabezas de los gochos en procesión desde el Ayuntamiento. El éxito fue tal, que la organización se consideró desbordada en aquel primer encuentro abierto, con reparto en La Playina hasta agotar el deseado manjar procedente del animal totémico en la Villa Condal -donde se sacrificaban más de venticinco mil mensualmente y hoy en día ni uno solo- y que inauguró monumento en su honor, en bronce y a tamaño natural, mirando precisamente con candidez y quizás con cierto resentimiento hacia La Cuadra, en escultura obra de Luelmo, inauguración que tuvo lugar el sábado 15 de septiembre del año 2001, cuando todo Noreña estaba dispuesta para celebrar una vez más el Día del Gochu.

Así que estamos ante una gran celebración que nació, como casi todas las fiestas gastronómicas, en torno a una mesa bien repleta de ricas viandas, donde se rinde culto a los productos típicos de cada lugar y culto asimismo a la amistad, que siempre quedará mejor refrendada tras tener contento el estómago. Y en ese momento de felicidad, cuando, con satisfacción, unos y otros se pasan la mano por la zona del ombligo, es cuando surgen las ideas relacionadas con la ciencia más prolífica como es la manducatoria, prueba de ello son la cantidad de festivales, certámenes, encuentros y jornadas distribuidas por el mapa regional y que cada año alcanzan mayor nivel de participación.

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