10 de abril de 2018
10.04.2018

Los propietarios se niegan a dejar la casa bajo el Fuxa: "¿Echándonos se arregla el problema?"

La familia afectada por el argayo envió un escrito a la Alcaldesa horas antes de que expirara el plazo para el desalojo voluntario

10.04.2018 | 03:45
La casa afectada por el argayo.

El plazo dado a los propietarios del inmueble del paseo marítimo para desalojar la vivienda finalizó a las cero horas de hoy, martes, y no se ha producido la desocupación. Así pues, las fuerzas policiales están autorizadas por el juez para proceder al desalojo forzoso.

En el último día del plazo dado a los propietarios de la casa, éstos presentaron un escrito en el Ayuntamiento de Carreño en el que denuncian: "Llevamos cinco años encontrándonos con trabas" y preguntan a la Alcaldesa "qué van a hacer". Los propietarios del inmueble recuerdan en su escrito que "la señora alcaldesa dilató el tiempo para concedernos la licencia de obras" y que ya le habían advertido de que "dependía de la meteorología".

En el escrito registrado ayer en el Consistorio, los dueños de la casa se preguntan "si echando a la familia de su casa se arregla el problema". E insisten en que "según el Ayuntamiento, corremos peligro de que la casa se nos venga encima". Ante lo que vuelven a plantear la duda de siempre sobre el peligro para los demás: "¿Y los peatones, coches, etc? ¿Para dónde irían los escombros?", insisten, antes de avisar de que "hay quince días para recurrir".

Las posturas siguen igual de firmes y cerradas que en el inicio del problema, con el argayo del monte Fuxa hace cinco años. Los desencuentros han sido la nota dominante entre Ayuntamiento y propietarios y los inquilinos tienen que preparar ahora otro traslado, aunque no está claro si serán alojados por el Consistorio o tendrán que correr con los gastos.

La familia regresó a su domicilio en julio del año pasado, pero no fue hasta diciembre cuando se les volvió a instar a abandonar la casa. Nueva negativa y otra vez en enero pidió a los inquilinos la salida de su hogar, basándose en criterios de seguridad que la familia no niega, pero que insiste en que afectarían a todos los usuarios del paseo.

Según la familia propietaria, el riesgo es ahora el mismo que había en julio, pero entonces no los desalojaron y ahora sí ven cómo se pueden quedar de nuevo en la calle.

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