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LUISMA MURIAS Oviedo, M. S. M.
Alfredo Cernuda, asturiano de La Mortera (Valdés) recaló en Madrid con pocos años y en esa ciudad continúa, dedicado al mundo de la interpretación con incursiones exitosas en el mundo de las letras.
Autor de la obra teatral «Leonor de Aquitania», ambientada en este personaje histórico, ayer presentó en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, «El soñador ajeno», una novela ambientada en las brañas de su infancia en la que recrea los cuentos que le narraba su abuelo y otros personajes que le quedaron en la memoria. Las tardes en la siega junto a sus mayores y las caminatas hasta el colmado del pueblo donde su abuelo se reunía con otros vecinos para echar la partida son vivencias que están en la trastienda de la novela.
En Madrid estudió arte dramático y ha alternado el trabajo de actor con el de guionista y director de doblaje. Como actor sus papeles más conocidos son los desarrollados dentro de la serie «matrimonios» incluida en el programa «Noche de Fiesta». «Pasé cuatro años trabajando en una cama» comenta el actor.
Como director de doblaje intervino en películas como «Ratatouille», «Cars» -donde dirigió al piloto Fernando Alonso-, «Las amistades peligrosas» y «El emperador y sus locuras», entre otras.
«El soñador ajeno» se desarrolla en los pueblos de la sierra de Faedos: Trevías, Cornellana, Brieves, Tremañes, Ore, el Pontigón... y también en otros lugares recreados con diferentes nombres para conservar el mundo del realismo mágico: Valdediós, Oquillas del Buen Suceso, Salas del Invierno, etcétera.
En un acto más de cercanía, Alfredo Cernuda ha dado a sus personajes los nombres de su propia familia: Amadeo, Leonides, Ezequiel, Delfina, Gabriela, Juacón. Sin embargo, aunque el paisaje y el paisanaje puedan resultar familiares , «El soñador ajeno» no es una narración sobre Asturias aunque transcurra de este lado de la cordillera. En la novela el protagonismo lo representan «el amor, la pasión, la lucha por el poder, la ambición de sus personajes por encontrar esa porción de felicidad que hace la vida más llevadera».
Durante la presentación, Alfredo Cernuda repasó algunos recuerdos de infancia, entre los que no faltaron olores y sabores: el olor a hierba húmeda, la leche recién ordeñada, el potaje de su abuela, los higos cogidos del árbol «y el recuerdo de levantarme por la mañana deseando que no lloviera para ir a la playa de Luarca, una playa que me parecía inmensa, y que ahora me parece la más entrañable del mundo, porque en ella fui pirata, y capitán de navío, y defendí castillos inexpugnables que se llevaba la marea sin pedir permiso».
La novela «arranca con una familia de feriantes que viajan por las brañas de Valdés ofreciendo alegría y misterios». Cernuda la concibió como un «pequeño universo que nos llevará por los viejos senderos de las pasiones humanas. Nos mostrará la osadía de nuestro primer amor, y cómo podrá ser el último, si obtenemos del destino la fortuna de gozarlo, y en medio, encontraremos odio, venganza, celos, humor, orgullo, intrigas, cariño y sueños».
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