Oviedo, D. ORIHUELA
«La lámpara minera es un icono de Asturias, de la revolución industrial en el Principado, y es una metáfora de la lucha minera, además de un símbolo sindical». Así definió Isaac Pola, director general de Minería y Energía del Gobierno regional, la lámpara que los mineros utilizan para alumbrarse en sus duras jornadas de trabajo bajo tierra.
Pola participó ayer en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA en la presentación del libro «...Y se hizo la luz. Evolución tecnológica de las lámparas de mina», escrito por Jesús Llaneza y Francisco Trinidad y editado por la Fundación Emilio Barbón, representada ayer por su presidente, José Vicente Barbón.
Jesús Llaneza, uno de los autores, fue el responsable de resumir el documentadísimo volumen. «Las lámparas comenzaron a utilizarse en la mina en el siglo III antes de Cristo, y de ahí hasta los sistemas actuales»: es la historia que se recoge en el libro, en palabras de Llaneza. Una historia que pasa por la lámpara de carburo que comenzó a utilizarse con la entrada del siglo XX, la lámpara de acetileno o las lámparas eléctricas, que los mineros rehusaban ya que pesaban mucho y no medían el grisú, lo que suponía un peligro para los trabajadores.
En 1915 llegó una de las claves cuando Edison inventó las lámparas de casco, que fueron las que se utilizaron hasta los años 80 del pasado siglo. Más tarde, otra mejora fue la introducción de los leds.
El libro de Llaneza y Trinidad es un exhaustivo repaso a todo ese proceso tan ligado a la historia de Asturias y tan unido a su propia esencia.
Un ejemplo es el que puso Isaac Pola al apuntar que algunos ayuntamientos asturianos tienen como regalo institucional una lámpara minera, un regalo que también se llevaban los vigilantes mineros al jubilarse, aunque en este caso lo que se llevaban a casa era su propia herramienta de trabajo.