Oviedo, Ángel FIDALGO
«Mi experiencia con el ballet clásico es un gozo espiritual que me hace vivir momentos del cielo en la tierra; pero para eso son necesarios intérpretes y creadores que rellenen el espacio que dejaron libres los coreógrafos».
Así comenzó ayer su conferencia Vicente Cue en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA titulada «Ballet: el arte que no existe en España». Cue está considerado uno de los grandes expertos que hay en el mundo del ballet, y es un colaborador habitual de este periódico. El acto estuvo organizado por el Ateneo de Oviedo y fue presentado por su presidente, Esteban Alú y Mortera.
El conferenciante, que a lo largo de su intervención no se guardó ninguna crítica, afirmó que «el ballet en España no tiene la misma consideración que en otros países, donde incluso es considerado un arte que es Patrimonio de la Humanidad». Cue lamentó que «España sea una excepción».
A Nueva York lo calificó como «el paraíso de las artes escénicas, donde todas las semanas hay cinco óperas distintas del más alto nivel»; algo que hoy en día en España es algo totalmente inimaginable.
Pero en medio de este desierto, a Oviedo lo considera un oasis en el que se considera una persona feliz, «porque tenemos una calidad de vida envidiable y se desarrolla una actividad cultural muy superior a la que hay en otras ciudades».
A renglón seguido reivindicó «el derecho» que tienen todos los ciudadanos de disfrutar del ballet, algo que considera casi imposible o por lo menos muy difícil «mientras las subvenciones se concedan sólo a los espectáculos teatrales y operísticos».
Vicente Cue lamentó también que en España los políticos de turno no sólo no conceden al ballet la importancia que tiene, sino que dejan a este arte en manos de personas «que odian el ballet clásico». En este caso citó reiteradas veces a Nacho Duato, «que no pertenece a este mundo, sino al de su coreografía».
Después aclaró sus críticas a los partidos políticos que tuvieron el Gobierno de España en distintos períodos. «Ni el PSOE ni el PP, denunció el crítico, «hicieron nada por el ballet clásico; los primeros por sectarios y los segundos por blanditos».
Tras dibujar este espectáculo tan poco esperanzador, continuó su charla haciendo un breve recorrido por historia del ballet. Todo comenzó en el Renacimiento italiano, afirmó, para después pasar a Francia de la mano de Catalina de Médici (Florencia, 13 de abril de 1519 - Blois, 5 de enero de 1589), reina de Francia, esposa de Enrique II y madre de los también reyes de ese país Francisco II, Carlos IX y Enrique III. «Gracias a ella en el año 1581 se interpretó en París lo que está considerado como el primer ballet de la historia».
Cue se refirió a la evolución que experimentó este arte a lo largo de los siglos, a la importancia que tuvo sus cinco pasos con los pies, «que son necesarios dominar para bailar bien cualquier tipo de danza», precisó, y también a la evolución que experimentó desde el siglo XVIII al XIX. «Fue entonces cuando el ballet caminó hacia la ingravidez de sus bailarines». Después se refirió al momento decisivo que vivió el ballet durante el Romanticismo, «que trajo la punta», y también al momento histórico que tuvo en San Petersburgo en el año 1848, «que fue cuando comenzó la era del ballet clásico».