Oviedo, David ORIHUELA
El catedrático de Historia de América de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Carlos Malamud, defendió ayer la tesis de que las independencias de los países latinoamericanos se forjaron gracias a revoluciones políticas, no sociales ni económicas.
El profesor, que es además investigador principal del área de América Latina del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y estratégicos, pronunció la conferencia «Las revoluciones de independencia vistas como revoluciones políticas» en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA. El acto estaba organizado por Tribuna Ciudadana, organización declarada de utilidad pública, y contó con la presencia de Julio Antonio Vaquero, catedrático de Historia.
Malamud descartó el componente económico en las revoluciones independentistas latinoamericanas porque, pese a que algunas guerras provocaron daños, «siempre fueron reversibles» y la devastación «no fue tan profunda como se pensó inicialmente». De este modo el catedrático de la UNED destacó que «las estructuras productivas y mercantiles siguieron siendo las mismas» después de las revoluciones.
En cuanto al componente social «no se produjo una ruptura traumática con la metrópoli», y con las revoluciones que supusieron la independencia de los países latinoamericanos a lo largo del siglo XIX «no hubo cambios sociales importantes» ya que «los grupos que lideraron los procesos independentistas mantuvieron el marco institucional español».
Los cambios que se produjeron en las estructuras sociales fueron más por la vía de los hechos que por la planificación política, en opinión de Malamud, quien explicó que esas modificaciones se originaron al surgir la necesidad de crear grandes ejércitos a los que se incorporó a indios, mestizos y negros que, como contrapartida, recibieron la promesa de abolición, en parte, de la esclavitud, en el caso de los negros, o del tributo, en el caso de los indios. Así que alguno de esos indios, negros y mestizos entraron a formar parte de la clase alta de la sociedad a través de fructíferas carreras castrenses.
La conclusión es por tanto que las revoluciones fueron políticas. Carlos Malamud sustenta esta afirmación en dos cuestiones fundamentales. En primer lugar el experto apuntó que al independizarse del Imperio español las nuevas naciones pasaron de ser una sociedad de súbditos a una de ciudadanos. El segundo pilar, que está íntimamente relacionado con el primero, es que «se pasó de un sistema basado en la monarquía a otro basado en la democracia».