ÁNGEL FIDALGO
La archivera municipal de Oviedo, Ana Herrero, protagonizó ayer una nueva conferencia del octavo ciclo organizado por la SOF. Herrero ofreció unas pinceladas de la evolución de la entidad, en un acto que fue presentado por Carmen Ruiz-Tilve, cronista oficial de Oviedo, y Alfonso Rodríguez, presidente de la Asociación de Archiveros del Principado.
Ruiz-Tilve explicó que entre las muchas formas que hay para conocer mejor a Oviedo está la de re_currir al archivo municipal, que calificó de «excelente», y que, a su juicio, no puede estar en mejores manos. En términos similares se pronunció Alfonso Rodríguez, que calificó a Ana María Herrero como «una de las grandes profesionales de los archivos de este país».
La conferenciante, tras afirmar que todos los documentos son «material de información», explicó que el archivo municipal nace con la ciudad y, más concretamente, con el primer fuero que la Monarquía otorgó a la capital asturiana.
A partir de entonces los documentos comenzaron a guardarse en arcas con tres llaves que guardaban otros tantos responsables municipales. «Todos los privilegios que se habían concedido a la ciudad había que conservarlos para poder mantenerlos, y se presentaban a los sucesivos monarcas», explicó.
Como dato curioso Ana María Herrero se refirió a la primera licencia de obras, que se remonta al año 1283.
Tendrían que pasar aún muchos años para que apareciera el primer libro de registro: fue a finales del siglo XV, y se recogieron 179 documentos.
El primer inventario de los fueros y privilegios de la ciudad no se efectuó hasta el año 1536. Cien años después se acomete una búsqueda de documentos que la conferenciante calificó de «muy extensa». En 1779 es cuando aparece el primer investigador, un monje benedictino; y siete años después se abre el paso a los estudiosos.
Para finalizar, Ana Herrero tuvo palabras elogiosas para su predecesora, conocida cariñosamente en la ciudad como Palmita Villa, que tras la Guerra Civil realizó una ingente labor para recuperar los documentos perdidos, y fue, además, la impulsora del taller de restauración del convento de las benedictinas. «El archivo es un espacio abierto a los ciudadanos», con estas palabras concluyó su intervención Ana Herrero.