D. ORIHUELA
En 2004, en la isla indonesia de Flores, se encontraron restos de un pequeño homínido, de no más de un metro de altura y, según estudios posteriores, con un gran desarrollo cerebral. Es el Homo floresiensis, que convivió con el Homo sapiens. Ésa fue una de las causas que espolearon a Hernán Valladares a escribir su novela «El hombre diminuto», que ayer presentó en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA junto a José Luis Caramés, profesor de Literatura Inglesa de la Universidad de Oviedo.
Valladares presentó su obra como «una novela psicológica dentro de un contexto de aventura» en la que un psiquiatra narra la historia de su paciente. Lo hace un autor que considera que «la historia de la humanidad es la historia de la crueldad» y que se pregunta «¿cómo es posible que dentro de nosotros mismos encontremos razones para hacer apetecible infligir dolor?».
El descubrimiento del Homo floresiensis, un experimento sociológico sobre una falsa prisión con falsos carceleros que acaban maltratando a los falsos presos y la convicción personal del autor de que «el progreso empieza a perjudicarnos más que beneficiarnos» son las tres patas sobre las que se sustenta la novela.
Para José Luis Caramés, «El hombre diminuto» es una obra «para meditar, leer despacio y científicamente», «una sucesión de rodajas literarias que muestran una historia completa y que se asientan en una perspectiva antropológica». En lo formal, entiende el profesor de Literatura Inglesa que la novela de Hernán Valladares es «contemporánea, alejada del posmodernismo, y que se sitúa entre el realismo y el modernismo, pero siempre opuesta a la novela poética».