27 de junio de 2012
27.06.2012
tribuna ciudadana

Enrique Vila-Matas: «Sin enemigos soy incapaz de trabajar con interés»

El escritor analiza, junto a Moisés Mori, su último libro, «Aire de Dylan»

28.04.2012 | 06:06

Chus NEIRA


El mano a mano, ayer, en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, invitados por Tribuna Ciudadana, entre el crítico Moisés Mori y el escritor Enrique Vila-Matas dio para bastante más que el análisis de la última novela del segundo, «Aires de Dylan», motivo central del asunto en su anuncio, pero, a la postre, pretexto para que el novelista buceara por diversos aspectos del arte y de la vida. Del oficio, en resumen, del que escribe, al que, confesó, no puede enfrentarse sin adversarios. Fue cuando, desde cierto trono agradecido, declaró que su obra había sido reconocida antes en Francia, Italia o Hispanoamérica que aquí, donde el reconocimiento llegó «casi por una sensación de ridículo». Pero al momento cambió y matizó: «Pero no me lamento, necesito el combate, los enemigos como motor de trabajo, sin esos enemigos, a veces incluso inventados, soy incapaz de trabajar con interés».


El diálogo con Mori arrancó con tres folios de análisis por parte del asturiano de la obra del catalán, pasando por sus primeros trabajos, como el «Historia abreviada de la literatura portátil», incluso anteriores como el primer «Mujer en el espejo contemplando paisaje», y también por «Bartleby y compañía» o «Suicidios ejemplares». Moisés Mori citó la capacidad de la prosa de Vila-Matas «para crear cierta adicción» y llegó, en la recta final de su introducción, al «Aire de Dylan», novela «flamante y muy teatral», aunque también «paródica» y de incesante sombra hamletiana.


Y la primera pregunta fue donde situar el nuevo libro y la primera respuesta tuvo que ver con el miedo que sintió Vila-Matas la noche antes de que se publicara el libro, «que me recordó lo que decía Belmonte, el torero, que la barba crecía más de lo normal el día antes de saltar al ruedo». Aquí Vila-Matas notó que en una novela sin tanto apoyo en el ensayo podía ser «más vulnerable». Y aunque admitió que «corrió riesgos», también se felicitó por ello. «Miedo a la crítica no tengo. El más duro conmigo me dijo que por lo menos me tenía que reconocer mi continuo moverme para innovar». Aunque, claro, ese inconformismo le ha llevado a otra parte, y Vila-Matas tuvo que admitir ayer que es «un escritor excéntrico que ha llegado al centro». Y fue cuando habló de sus enemigos.


El análisis de los personajes de la novela le permitió hacer elogio de la pereza, presente en «Aire de Dylan» en unos jóvenes «oblomovs», el gandul del ruso Goncharov, a partir de los que Vila-Matas llegó al «quisiera no hacer nada», citó a Guy Debord y su «no trabajéis nunca» y concluyó que esta idea es la misma del «no colaboréis en nada», «una posición difícil pero también una posibilidad revolucionaria que entronca con Kafka». En conclusión, y con citas más terrenas, Vila-Matas opuso la «cultura del esfuerzo», «que sería la del señor Pep Guardiola cuando decía que si nos levantáramos muy pronto por la mañana el país iría mejor», a la de la pereza, «que es la búsqueda de lago que todos ansiamos, el ocio, que es en el fondo el paraíso original».


Mori y Vila-Matas tuvieron tiempo también para analizar la estructura teatral de la novela, «como en cajas chinas», en la que también se ve el mundo calderonianamente como una representación de una sola función, o para ver si había lugar para la poesía en la última prosa del catalán (y resultó que sólo en un momento puntual que, a veces, puede justificar toda la prosa funcional que la ha precedido hasta llegar a ese hallazgo). En el fondo, Vila-Matas apelaba casi aquí a las teorías del furor poético, y en ello insistió cuando dijo que una de las cosas que más apreciaba del oficio eran «los misterios que te llevan a escribir cosas que no sabes de donde salen».


Algo similar sucedió con el motor que puso en marcha su novela, una frase, «cuando oscurece siempre necesitas a alguien», que él escuchó en una película de Hollywood de los años treinta y que siempre atribuyó a Scott-Fitzgerald hasta que se puso en cuestión. El autor citó a Javier Coma en una reunión casi de novela negra que abrió más dudas y permitió otra investigación que, a la vez, le hizo escribir este «Aire de Dylan».


En las preguntas del público hubo un poco de todo. Su opinión sobre Dylan («Uno de los pocos genios vivos, del que admiro su manera de no aparecer nunca donde se le espera»), sobre los libros digitales («no hay nada más imbécil que prescindir de algo que nos hemos inventado y sospecho que hay periodistas que no sólo no tienen la menor pasión por la literatura sino que la odian, por la forma en la que escriben sobre el avance del libro digital) e, incluso, lugar para una microconferencia dentro de la charla. Muy meta-Matas, también. A la que el autor contestó con una anécdota sobre personajes reales y ficticios.

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