EN DIRECTO:

«Nadie tiene derecho a pegarte y dominarte»

 
El jefe de la Policía Local, Jorge Pruneda, escucha el relato de una supuesta maltratada, en la sede del grupo, en Nava.
El jefe de la Policía Local, Jorge Pruneda, escucha el relato de una supuesta maltratada, en la sede del grupo, en Nava. mariola menéndez
 MULTIMEDIA

Jorge Pruneda es el responsable del Grupo Especial de Atención al Maltrato de Menores y Adultos (GEMMA), un servicio que oferta la Policía Local de Nava de forma pionera en núcleos de menos de 10.000 habitantes. El GEMMA comenzó a funcionar en enero de 2007. Detectan un aumento de las denuncias, que atribuyen a la mayor concienciación.

Nava, Mariola MENÉNDEZ


La situación ha llegado al límite, es insostenible, no aguanta ni una paliza más ni otro chantaje emocional. Cristina es un ejemplo de las muchas personas, la mayoría mujeres, que engrosan la lista de las víctimas de la violencia machista. La protagonista de este reportaje es ficticia, pero lo que a través de ella reconstruye para LA NUEVA ESPAÑA Jorge Pruneda, jefe de la Policía Local de Nava, es tan real como la vida misma. Cada historia es un drama, pero hay esperanza. Cada vez son más las víctimas que se atreven a poner punto final y denunciar a su verdugo. «Porque nadie tiene derecho a pegarte ni a dominarte. Tienes que defender tus derechos».


El GEMMA es el Grupo Especializado en Maltrato a Menores y Adultos de la Policía Local de Nava (número de teléfono 609 10 69 29), que funciona desde enero de 2007. Lo hace de forma pionera en el concejo naveto en cuanto a que es un núcleo de población con menos de 10.000 habitantes. Pruneda destaca que «hemos notado un incremento en el número de denuncias», pero matiza que se debe al trabajo que están desarrollando, que propicia que salgan más casos a la luz, y no a un incremento de situaciones de violencia.


«Posiblemente hoy nos vamos a cenar con una víctima más cuyo caso se hace público y conoceremos los datos más escabrosos de la historia. Pero no se habla de las muchas denuncias que se han solucionado positivamente», afirma el jefe de la Policía Local de Nava. «En las noticias sólo vemos lo negativo: que no existen soluciones de eficacia hacia el maltratador. Y sí las hay». Jorge Pruneda explica a través de Cristina la forma de actuar del GEMMA.


Cristina tiene una personalidad retraída, sin apenas contactos externos porque él, su compañero o marido, se los ha cortado de cuajo. Su pareja, llamémosle Esteban, ya se ha encargado de separarla incluso de su entorno familiar. La quiere sólo para él, su egoísmo le puede. Incluso prefiere ser él quien haga la compra en el supermercado para evitar que la mujer tenga contacto con la gente. Cristina se muestra huidiza, no le gusta hablar de sí misma y por la calle camina con la mirada baja, sin querer enfrentarse al mundo exterior, lejos de su infierno doméstico. Mientras, Esteban tiene una personalidad totalmente opuesta. Al principio de la relación afectiva es galante y atento hasta que se gana a la víctima para apartarla de su entorno. Es maquiavélico y manipulador, así que pone en marcha todo un juego psicológico y de estrategia. La enreda para que piense «lo bueno que es él y lo malos que es el resto».

El «juego negativo»

A partir de ahí comienza «el juego negativo», señala Pruneda. Frases como «qué fea eres», «estás gorda» o «no sirves para nada» comienzan a ser habituales en el día a día de la pareja. Incluso a Esteban le molesta que Cristina se arregle; para él es «demasiado».


El maltratador es «tremendamente inseguro y depende de la víctima», explica Pruneda. Este clima genera una tensión que se vuelve insoportable y es, en ocasiones, «la víctima la que propicia la primera paliza y se siente culpable». Se autoengaña pensando que si recibe un daño físico la situación cambiará y volverá a ser tan idílica como en los inicios de la relación. En el fondo, Esteban quiere que Cristina piense «qué mal me he portado y, así todo, cuánto me quiere él». Es sólo una ilusión. Esteban necesita restarle credibilidad a su pareja, por lo que se mostrará encantador, bromista y atento cuando acudan a alguna comida familiar o a una reunión con amigos. Es un proceso que suele ser largo y depende de cada caso. Incluso pueden transcurrir hasta ocho años hasta que se produzca la primera agresión.


Tras el momento de tensión, que ha desencadenado una bofetada o una paliza -en el peor de los casos-, llega lo que se conoce como «la luna de miel». Es una fase de arrepentimiento fingido, aunque el maltratador sea consciente de que su comportamiento no es en absoluto plausible. Entonces regresan los momentos felices tan añorados por Cristina. Esteban la mima y la colma de regalos. Incluso le permite realizar aquellas cosas que antes le negaba. Pero es sólo un engaño, un mundo efímero, que puede durar unos dos meses, en el que la víctima ha entrado a través de un cruel juego emocional y donde le han tocado las peores cartas. El ciclo se volverá a repetir si Cristina no decide salir del círculo.

Quizá la segunda agresión no la reciba hasta después de un año, pero, poco a poco, los períodos de tiempo se acortarán y llegará el maltrato diario. Uno de los miedos más comunes o mayores frustraciones para la víctima es tener que denunciar al que es el padre de sus hijos. «Tienen una sensación de culpabilidad muy grande», añade Jorge Pruneda, quien insiste en que «los malos tratos tenemos que entenderlos no sólo físicos o psicológicos, también sexuales, financieros o dañinos con cosas materiales».

Alertas

La concienciación ciudadana hacia la violencia machista «cada vez es mayor», afirma Jorge Pruneda, lo que permite que cada vez sea más frecuente que sean los vecinos los que den la voz de alerta en una situación de abuso. En ese caso, el GEMMA pone en marcha un trabajo de campo para corroborar la información. En el caso de que en ese momento se esté produciendo la agresión, «se detiene al maltratador, independientemente de si la mujer denuncia, porque es un delito que se persigue de oficio». En otros casos, la víctima es la que denuncia a su pareja.

La Policía valora si hay que detener al acusado y, en ese caso, se pone a disposición judicial. No es necesario que la persona maltratada aporte un informe médico que acredite las lesiones y será ella la que decida si se articulan las medidas de protección. También hay situaciones en las que es la propia Policía la que detecta que una persona puede estar siendo agredida.


El jefe de la Policía Local recuerda que el GEMMA también asiste a menores y a ancianos en situación de desamparo económico o social. «Desarrollamos estrategias para estar cerca de ellos, visitarlos o llamarlos cada 15 días». Los casos graves son derivados a los Servicios Sociales.

Jorge Pruneda afirma que los resultados están siendo «muy, muy positivos. Es necesario un servicio como éste para trabajar de forma eficaz contra la violencia machista».

Así, se facilita que muchas Cristinas descuelguen el teléfono y pongan fin a su pesadilla.

Enlaces recomendados: Premios Cine