el mejor verano de...
Langreo,
C. M. BASTEIRO
El verano es la estación de los niños. El pintor langreano Jorge Serrano (Tuilla, 1948) está convencido de ello y sus recuerdos de estío se llenan de voces infantiles. Piensa en su mejor verano y le vienen a la cabeza recuerdos de su niñez plagados de viajes en tren a Gijón, o las primeras vacaciones en Llanes en compañía de sus dos hijas. Ahora revive esos momentos «inolvidables» con su nieto, de nueve meses. Y es que, como dice el artista: «Nadie disfruta tanto del estío como los niños».
«Lo primero que se me viene a la mente de mis días de vacaciones son mis viajes a Gijón», recuerda con una sonrisa. El pintor reconoce que el día a día estival en Langreo «no era muy allá», pero que «esperaba con anhelo las excursiones a la playa». «Por aquel entonces, ir desde las Cuencas a la costa era una auténtica odisea», añade. Mientras su mente se transporta a los años cuarenta y cincuenta rememora «el tren del carbón. Nos subíamos en un vagón sucio, lleno de carbonilla, y nos poníamos en marcha». Durante el viaje, «cantábamos o nos poníamos al día sobre los últimos cotilleos del pueblo y, cuando llegábamos a la playa, estábamos negros, como si hubiésemos estado en la mina».
Sin embargo, si tiene que escoger entre los veranos de su memoria, se queda con «las primeras vacaciones con mis hijas». El artista recuerda: «Llegamos a Llanes con dos niñas pequeñas, una de 1 año y otra de 2, y nos convertimos en los más populares de la playa». Los días pasaban entre baños por la mañana, «y los chiringuitos por la noche». Por aquel entonces, explica Serrano, «Llanes no era lo que es ahora, no había tanto turismo, era muy tranquilo». Entre los recuerdos, Serrano deja entrever una crítica constructiva: «a día de hoy, hay demasiada gente y la construcción de nuevos edificios está atacando la maravillosa costa de Llanes».
Cuando la mente del artista vuelve al pasado, recuerda que unos años después de aquel primer estío en Llanes, la familia ya formaba parte del vecindario de la localidad y que en la búsqueda de nuevas emociones encontraron una nueva afición en el agua de la playa llanisca. Jorge Serrano comenzó a llevar a sus hijas a pescar, una afición que terminó encabezando la lista de tareas veraniegas: «Les encantaba, siempre querían ir a la playa y ponerse a buscar moluscos, era su pasión».
Estos días, el pintor ha vuelto a Nueva de Llanes para rememorar aquellos tiempos estivales. ¿El motivo?, «Acabo de tener un "nietín". Tiene nueve meses, es un encanto de nenu y queríamos empezar a enseñarle lo que es un buen verano en Asturias», asegura el pintor con una sonrisa. Desde una terraza en Nueva de Llanes, el artista asegura: «Parece que le ha gustado, ya son más de las siete de la tarde y sigue queriendo fiesta». La visita a la playa hizo, además, que toda la familia reviviera aquellos maravillosos estíos que se quedaron grabados a sol en su memoria: «De hecho, todos nos hemos puesto un poco melancólicos, y mi hija mayor está con una cañina para ver si pesca algo».
Cuando termine su descanso en la playa, Jorge Serrano volverá a su taller artístico, en Langreo, para seguir trabajando en su obra. En este momento, el pintor está creando un nuevo cuadro para su exposición «N 3.382 F». La muestra, que se inauguró en Sama y ya ha recorrido varias salas de exposiciones asturianas, volverá a ver la luz en octubre, justo después del verano. Esta vez, los cuadros se mostrarán en la Delegación del Principado en Madrid. Para dar vida a estas pinturas, Serrano apuesta, de nuevo, por la utilización de acrílicos y el aerógrafo, la técnica que caracteriza toda su obra y con la que logra dibujos muy fotográficos y coloristas.
Y es que la obra de Jorge Serrano no pasa desapercibida ni entre los críticos ni entre los espectadores. Quizás, el secreto para ser un buen artista sea inundarse de la eterna juventud de los que nos rodean, tal como Serrano hace en sus mejores recuerdos estivales.