RICARDO V. MONTOTO
Tomé el ascensor, que me llevó a la planta superior. La apertura de puertas dio paso a un escenario idílico, mucho más allá de lo soñado por Marx y Engels, el paraíso laboral desarrollado por el Gobierno regional. Un área de trabajo espaciosa, luminosa y funcional, con extraordinarias vistas de toda la capital, habilitada para unos cien puestos de trabajo pero donde no habría más de quince, de los que el 90% se tocaba las narices. Una movía un papelín de un lado a otro de la mesa. Al fondo había otro recostado sobre la silla ergonómica, con la mirada perdida en el techo y sumido en profundos pensamientos. También vi una sección de despachos, casi todos desocupados. El silencio era absoluto, casi cartujo. Como había poco personal y esos pocos no hacían nada, el ambiente de relax era comparable al de un spa de superlujo.
La funcionaria que me atendió -que no era la encargada del expediente, que no estaba-, era de las minuciosas. La redacción del escrito que decía que yo había estado allí viendo el expediente le llevó unos veinte minutos. Es lo que pasa con los escritos de extrema complejidad. Me preguntó mi nombre tres veces, las mismas que requirió mi carné de identidad. Como no había nadie más por allí dando el coñazo, me prestó toda su atención. Al final, el proceso de lectura de dos folios y el fotocopiado de quince nos llevó cerca de una hora.
Durante ese tiempo, ni un murmullo. De ciento en viento se oían pasos en la lejanía. En una ocasión se aproximó alguien de cierto rango para comprobar que todo nuestro complicado procedimiento evolucionaba como es debido. Finalmente me fui por donde había venido. Los pocos que ocupaban los puestos se esfumaron. Abajo, en la entrada, seguían los tres de información informándose con la prensa. Abrí la puerta de salida y volví a la realidad.
No sé si llego a tiempo pero me gustaría que, antes de firmar el nuevo convenio municipal del Ayuntamiento de Mieres, los implicados se dieran un garbeo por esa Consejería. Aún es posible tener más derechos y menos deberes.