Palaciós (Lena),
Paula G. RODRIGO
Fue un día a Palaciós, en Lena, el primero de toda su vida, por uno de esos caprichos que tiene el destino. Allí, en una de aquellas jornadas de verano y fiestas de prau, se enamoró perdidamente de una joven por la que cambió su lugar de residencia, desde Moreda a la localidad lenense. Juan Antonio Fernández nunca pudo imaginar que gracias a haber perdido aquel tren, más de medio siglo más tarde le nombrarían «Paisano de honor» de su pueblo de adopción. Su historia comienza hace más de medio siglo.
La sonrisa no se le va de la cara. Coge la placa que atestigua el otorgado título aún con nervios, como si tuviera miedo de que se fuera a romper entre sus manos. «Es un orgullo para mí y para la familia, que también lo agradece», dice Juan Antonio. «Me lo dieron por ser el paisano más vieyu de la parroquia», señala. No tiene tapujos a la hora de decir su edad: «88 cumplí hace poco. Y estoy bien de salud; no sigo ningún régimen».
«Quién me iba a decir a mí que por perder un día el Vasco (el tren), iba a acabar enredándome aquí con una moza para el resto de mi vida. Llevo 61 años viviendo en Palaciós, pero yo soy de Moreda», recuerda el orgulloso premiado. No hace mucho que se quedó sin su compañera de fatigas después de 52 años. «Me hubiese gustado recibir este premio junto a ella», confiesa. «Ahora ya hice mi vida aquí y tengo cuatro nietos, ya mayorinos y dos bisnietos también grandinos; una hizo la comunión hace poco», apunta. Además, «todos ellos vinieron a verme cuando me dieron el premio», añade.
«Cuando era joven trabajé en las minas, pero me retiré aquí y decidí dedicarme a la labranza y al ganado, que se vive mejor», reconoce. Echando la mirada atrás, haciendo factura de los 88 años que lleva orgulloso a cuestas, señala que, sin duda, del que tiene un recuerdo más dulce es del año en que se casó. Los tiempos cambian. «Cuando yo vine a cortejar aquí, coincidió con los días de fiestas. Me encontré a una cantidad horrorosa de gente y de buenas mozas. Ahora, las romerías siguen estando muy bien y los fines de semana el pueblo se anima mucho, pero la juventud prefiere irse a las villas», relata Fernández con cierta melancolía en su voz. «Este pueblo está muy bien comunicado, está a cinco minutos de la Pola», defiende.
Juan Antonio Fernández no perdona nunca prepararse para las fiestas. «Siempre me gustó mucho bailar. Aunque ya no se tiene la misma gracia que cuando era joven», relata el «Paisano de honor» de Palaciós, a quien, a buen seguro, le quedan muchos años de fiestas y pasodobles que bailar.