LAURA M. GONZÁLEZ
El grupo cada vez más numeroso de asistentes a las proyecciones escucha con atención las palabras de Luis Fernández, mientras les explica lo que James Randi, el gran incrédulo, acaba de decir al recién incorporado, un personaje singular, de apenas metro y medio de altura, adornado con un extraño turbante, que, según sus palabras, no cambia desde que en 1987 «se me abrió el tercer ojo». Randi, su enemigo personal número uno, le respondió entonces en inglés, por suerte para los presentes, que seguramente el tercer ojo que se le había abierto era el que todos podían imaginar y que se lo había limpiado con el trapo que llevaba en la cabeza. También por suerte para los presentes, las palabras de Aivá Aahgmaogo, que así se llama el médium, fueron intraducibles.
-El caso -explica Fernández, que quiere acabar con el enfrentamiento- es que hemos hecho venir al señor Aahgmaogo porque es la única persona en el mundo capaz de darnos una pista para aclarar el misterio de Perlora, le guste o no al señor Randi.
Para evitar que la bronca pueda reiniciarse, pone en marcha el ordenador y explica lo que están viendo en la pantalla:
-Sabemos con seguridad el año en que ocurre la acción porque el chaval de melena rubia no hace otra cosa que tararear la canción de «Gigi l'amoroso», éxito del verano del 74. Los que le rodean son su grupo de amigos.
Uno de estos amigos, alto, de nariz aguileña, decorado con unos pantalones vaqueros de pata de elefante, es el que se dirige en ese momento al animado cantante.
-Andes con una de les tuyes, Marquinos, como cuando tuviste tres meses sin decir una palabra...
-Esi fue el mensaje del mi maestro del espacio cuanto yera de la organización «Reb-Ufo» -interrumpe rápidamente Marquinos.
-Y luego vino lo de convertite en cantante y ganar el Festival de Benidorm.
-Que no lu gané por un pelo.
-Sí que desafinabes más que la piedra afilar de Pin el de Caleao y el cura prohibiote entrar en la iglesia si volvíes a cantar en misa...
-Detallucos.
-Y ahora ¿con qué vas a sorprendenos? -concluye el amigo .
-Con ná, porque acabo de enamorame de verdá de la buena, y lo único en lo que pienso ye en conquistar a Samuela, la muyer que va cambiame la vida.
-El que nun tien arreglu, nun tien arreglu -sentencia el de la nariz ganchuda-. Ya verás como acabes como les otres veces, «Marco l'amoroso».
La escena cambia rápidamente: los protagonistas han cambiado Perlora por una ciudad, se han vestido de lo más elegante (siempre que «elegante» se pueda aplicar a la moda de los años 70), y el grupo se encuentra ante las puertas de una discoteca en la que un tipo de metro noventa, vestido de negro y con mirada asesina, escruta detenidamente a los que se acercan.
-¿Tas seguru, Marquinos?
-Sí, Chuso, sí. Vien aquí tolos domingos.
-Pero esta discoteca llamámos-y «La Tragedia» porque el dueñu, «Tirio el rana», ye un canalla.
-Pero unu de la Pola nun se arredrá ante ná. Sobre tóo cuando tá enamoráu.
-Acuérdate de la última, Marquinos, que a ti cuéstate muncho aprender.
-La última nun taba enamoráu como ahora. Tengo que entrar ahí y conquistala. Pa eso puse los Wrangler de pata elefante.
-Ya pero Tirio ye muy suyu.
-Y yo más.
-Pues allá vamos.
El grupo se acerca a la entrada de la discoteca «Comedy» con paso vacilante. El de negro le hace una seña para que se acerquen por donde él se encuentra, y les mira uno a uno.
-Tú pasas -le dice a Chuso-, y tú y tú. Les dos moces también. Tú no -añade dirigiéndose a Marquinos.
-Tengo que entrar, ahí ta la muyer de mi vida.
-Entós pues esperar a que salga.
-¿Pero por qué nun pueo entrar yo?
Tirio se queda mirando un momento de arriba abajo al osado que se atreve a desafiarlo, y con una mueca de desprecio exclama:
-Pol pelo largo.
Los compañeros que habían pasado el corte, salen de nuevo a la calle y rodean al desolado Marcos.
-Más te val facei casu y esperar fuera -le consuela Chuso.
-Sí ho, y que un capullo se me adelante con Samuela -contesta Marquinos-. No. Yo tengo que entrar como sea. Voy pal «Pleamar» -añade señalando un bar próximo.
-Eso, mejor metemos una jarra Ribeiro al cuerpo y olvidamos a esti sinvergüenza.
Se dirigen al bar intentando subir los ánimos de Marcos.
-Hola neños, ¿qué vos pongo, la jarra de tolos domingos? -pregunta la chigrera.
-A mí vas poneme unes tijeres.
-¿Tas llocu? -preguntan todos a coro.
-No. Toy enamoráu. Y necesito unes tijeres.
En la siguiente escena, Marcos, a la puerta del bar, se corta su larga, brillante y lucida melena.
-Voy pallá -exclama cuando termina-. A ver qué me diz ahora.
-Vaya estropiciu que ficiste -comenta una de las amigas-, como te vea esa rapaza no sé si te va a facer munchu casu.
-Si sabe por qué lo fice, seguro que cai rendía.
-Lo único que te digo ye que no aprenderás en la vida -murmura Chuso mientras le siguen a la entrada de la discoteca.
-¿Ónde vas? -pregunta Tirio cuando llega a su altura.
-Pa dentro.
-Tú no pases.
-Ya me corté el pelo. Y antes dijiste que nun pasaba porque tenía el pelo largo.
-Antes yera antes, y ahora ye ahora. Y ahora tampoco pases.
-¿Por qué? -exclama Marcos con un quejido de desesperación.
-Porque nun me sal de los aquellos ¿valte?
La escena se funde en negro, y Luis Fernández se dirige al médium que medio dormita con los ojos entrecerrados.
-¿Alguna idea, señor Aahgmaogo?
-Oh, sí -responde éste en un español chirriante-, que hay mucho ¿cómo se dice? ¿cabrón o Randi? En el mundo.
Cuando James Randi se levanta y comienza a perseguir al del turbante por la sala, Iker Jiménez da por concluida la sesión.