RICARDO V. MONTOTO
Ya me lo había comentado un inglés de paso: los españoles parecemos estar obsesionados con la crisis económica. En su país, obviamente, también la están padeciendo pero se lo toman sin ese dramatismo tan típicamente español, de mucho aspaviento y poca mano de obra. Este mismo parecer lo pude comprobar al norte de los Pirineos. Los franceses también sufren su crisis. Los negocios anuncian rebajas, descuentos, y algunos restaurantes han bajado los precios como consecuencia de la reducción del IVA aprobada por su Gobierno. Pero la crisis no es el tema estrella. Los telediarios, lógicamente, tocan el asunto -de un modo más positivo que el nuestro-, pero no se percibe un clima de catástrofe colectiva. Me da en la nariz que esta gente -los extranjeros, los de allá alantrón- se están dedicando a quejarse menos y a trabajar más para superar estos tiempos difíciles, cosa que nosotros no sabemos hacer.
La crisis tiene un componente psicológico fundamental. Podemos estar pasándolo mal, pero como se apodere de nosotros el sentimiento negativo, como se nos meta en la cabeza que todo está muy negro, que vamos de culo y sin frenos, estaremos en crisis hasta que las ranas críen pelo. Es posible que en los años del boom inmobiliario debiéramos haber puesto un puntito de negatividad en el desorbitado y desequilibrado crecimiento de la economía española, pues no tenía mucho sentido que el desarrollo de una nación se hiciera a partir de su cimentación y enladrillado. Pero ya que todo ese tinglado se nos ha venido abajo -como antes o después tenía que pasar-, ahora no es el momento de meter la cabeza bajo tierra como el avestruz. Es hora del sentido común, de las ideas con ambición de futuro, del diseño de una sociedad más justa y equitativa. Es un hecho que las cosas se han hecho muy mal para la mayoría -muy bien para unos pocos-. Es tiempo de hacer ajustes, que pague más el que más tiene, que reciba el desamparado, de reestructurar una sociedad para que nos sintamos orgullosos de ella. Menos quejarse y más arrimar el hombro.