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La encargada de cerrar el acto institucional fue la alcaldesa. Esther Díaz resaltó el compromiso con Langreo de David Villa, que ha empadronado a sus dos hijas en el concejo, dio a Lucinda Torre las «gracias por llevar a tu tierra en el corazón y por llevar la esencia de los langreanos contigo». La regidora también tuvo palabras de elogio para la Junta Gestora encabezada por Julio González, que ha recuperado las fiestas tras dos años de parón por problemas organizativos, al tiempo que valoró positivamente el éxito de habilitar autobuses gratuitos, muy utilizado por los romeros a lo largo de la jornada.
El pregón y la entrega del premio de «Langreana de Honor» fueron los otros platos fuertes de una jornada que arrancó con la misa y la tradicional procesión con la imagen de la Virgen, que congregaron a números fieles que hicieron gala de las numerosas utilidades secundarias de un periódico: cojín para mitigar la incomodidad de la grada de piedra, sombrero o incluso parasol para protegerse de los intensos rayos. Y es que ayer una porción de sombra era un valor cotizado. El «carbayu» de la plaza, los árboles próximos o el pórtico de la iglesia fueron algunos de los lugares utilizados por los asistentes para plantar cara a los rigores del sol.
Los actos de la mañana se completaron con la «puya del ramu», que se fue animando tras los primeros roscos a pesar de la crisis, y la bendición de las motocicletas y cascos de una veintena de moteros. El párroco de Ciaño, Roberto Marcos, gran aficionado al mundo de las dos ruedas, se encargó de oficiar la bendición y la misa,
Los actos festivos en El Carbayu concluyeron con la tradicional comida campestre, muy concurrida gracias al buen tiempo, música tradicional y verbena.