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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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-¿Factor principal para llevar a cabo esta proeza?
-Pesar cien kilos.
-¿Cien kilos?
-Quizá te extrañe, pero el peso disminuye la frialdad del agua, que en el Canal es el enemigo público número uno
José Vitos Natal mantenía este diálogo con un periodista el martes 2 de septiembre de 1958, el día en que entró en Asturias aclamado por sus paisanos tras haber cruzado a nado el canal de la Mancha. Más de 20.000 personas presenciaron su recorrido por las calles en coche descubierto en la que fue seguramente la mayor celebración deportiva en la historia de la Montaña Central, cuando regresó convertido en uno de los dos primeros españoles que habían logrado pasar a nado hasta la gran isla.
La hazaña se había completado el 28 de agosto: una mujer, Montserrat Tresserras Dou, de Olot, lo había hecho en 14 horas y 14 minutos, y José Vitos, de Mieres, en 15 horas y 11 minutos, batiendo de paso el récord de braza de la travesía; un tercer compañero que aquel día se había tirado junto a ellos al agua, Luis Asensi Galiana, de Alicante, no pudo completar su intento. Ésta es la historia de una gesta, que simboliza una época sin anabolizantes ni neoprenos y resume lo que era el deporte de pura sangre, practicado por aficionados que tenían que encontrar las horas para el entrenamiento después de cumplir con su turno de trabajo.
Vitos tuvo desde niño unas dotes para la natación que rozaban lo legendario y que, de haber nacido en otra época o en otro país, lo hubiesen conducido inevitablemente al podium en unos Juegos Olímpicos. Ha contado alguna vez que aprendió a nadar junto a otros guajes en el pequeño embalse que ellos mismos construían cada verano acumulando piedras para remansar el agua del pequeño riachuelo que va por Turón, hasta que una tarde pudo meterse por fin en la antigua piscina cubierta de Mieres, donde, ante el asombro de todos, estuvo dos horas haciendo largos sin notar ningún cansancio.
Pronto corrió la voz y los entrenadores se fijaron en él, así que al poco tiempo ya empezó a participar en campeonatos de poca importancia. De esta forma, antes de que se diese cuenta, ya era campeón de Asturias y al poco tiempo también de España, aunque él prefería los retos personales a la competición en espacios cerrados y así, cuando se le propuso que probase a nadar desde la playa de San Lorenzo en Gijón hasta el puerto de El Musel, no tuvo inconveniente en aceptar, aunque, eso sí, una vez allí y como aún estaba fresco, decidió hacer el viaje de vuelta de la misma forma que el de ida.
Con estos antecedentes nadie le puso pegas cuando se empeñó en cruzar el estrecho de Gibraltar. Lo hizo en 5 horas y 28 minutos y aquello le abrió el camino hacia una empresa más ambiciosa: el canal de la Mancha. Desde que en 1875 el inglés Matteh Webb lo había logrado por primera vez, sólo lo habían conseguido otros 36 nadadores y Vitos quería figurar en aquella lista de campeones. Así se lo planteó al ministro Solís, uno de los más cercanos a Franco, cuando lo recibió para felicitarle por sus éxitos, y de paso le pidió también que hiciese lo posible por celebrar unos Campeonatos Nacionales en Mieres.
Después de un mes llegó la autorización y el nadador turonés salió para Madrid dispuesto a cumplir 8 semanas de durísimo entrenamiento bajo las órdenes del húngaro Janos Nemeth, que entonces se encargaba de la selección española de Natación, y ya de vuelta en Asturias siguió la preparación en Perlora, saliendo a mar abierto, a menudo de noche, para acostumbrarse al frío y la oscuridad, y haciendo en varias ocasiones la travesía Candás-Gijón, incluso, una vez, vuelta incluida.
Vitos partió el 2 de agosto de 1958 rumbo a Inglaterra, dispuesto a regresar con un triunfo para dedicar a los suyos; ya en Dover, aceptó la propuesta de un observador internacional para que intentase cruzar los treinta y tres kilómetros ochocientos metros que separan la costa británica de la francesa al estilo braza y se dispuso a esperar con paciencia el día en que la climatología lo permitiese, sin cejar en sus entrenamientos para familiarizarse con aquellas aguas gélidas. Finalmente, el 27 de agosto se trasladó por la mañana hacia Calais (Francia) y al día siguiente, a las 8, de desde una playa cerca de Cabo Gris-Nez, se echó al mar junto a sus compañeros y los barcos de acompañamiento y control que se dispusieron para la prueba.
Según su propio relato, aquella mañana transcurrió sin problemas mientras se cumplía el plan previsto, que consistía en seguir a un barco guía que le precedía unos 25 metros. Aunque a las doce de la mañana salió el sol, el frío era terrible y las olas alcanzaban los dos metros de altura. En esas condiciones, después de nadar hora y media, Luis Asensi tuvo que retirarse con mareos y síntomas de congelación para ser atendido en una de las embarcaciones de escolta; sin embargo, la ventaja de Montserrat Tresserras sobre Vitos se fue acentuando hasta que las embarcaciones que, respectivamente, los secundaban perdieron contacto visual entre ellas.
Por la tarde, sobre las 5, la situación ya era otra: Vitos tenía síntomas de congelación, molestias debajo de los brazos y entre las piernas, problemas de visión y la boca ensangrentada. Se cumplían entonces 9 horas de natación constante y los acantilados ingleses estaban a la vista, a unos 10 kilómetros, pero alrededor de las 7 el malestar aumentó con trastornos gástricos y vómitos. Aún así, Ferradas, su acompañante, le lanzó desde el barco una botella de mistela para combatir el frío. Entre el trago y los ánimos de éste, que llegó a tocar con su armónica el «Asturias, patria querida», el de Turón volvió a coger el ritmo y, cuando ya quedaba muy poco, surgió un problema inesperado: la corriente se hizo muy fuerte y, seguramente por un error en la orientación del piloto, se dieron cuenta de que Dover, adonde ya deberían haber llegado, estaba a unos 9 kilómetros a la derecha.
Finalmente, sobre las 11 de la noche, le avisaron de que a unos 400 metros frente a él se abría una cala a la que era posible acercarse sin gran esfuerzo; así lo hizo y después de romper la corriente pudo llegar a una pequeña playa de piedra. Unos metros más y los cronometradores y el juez pudieron comprobar cómo paraba los cronos poniendo así el punto final a la aventura. José Vitos había perdido aquel día ocho kilos y su cuerpo ya guardó para siempre el recuerdo del frío obligándolo a ir abrigado de por vida; pero todo había merecido la pena.
Por su parte, Montserrat Tresserras «la Sirena de Olot», culminó su hazaña en el Canal en un tiempo de 14 horas y 14 minutos y tuvo después una dilatada carrera que incluyó una nueva travesía, el 5 de septiembre de 1961, en la que empleó 16 horas y 25 minutos, después de haberlo intentado el 16 de agosto y tener que abandonar a 800 metros de la costa. Aunque su aventura más emblemática se fechó el 10 de agosto de 1965, cuando intentó llegar desde la costa peninsular hasta las Baleares: después de 55 horas y de contemplar dos amaneceres, optó por retirarse, tras haber nadado 46 millas y estando a sólo 9 de lograr la proeza que ahora ha conseguido otro nadador más mediático y polémico, con mil apoyos y la tecnología más moderna a su servicio.
Para los españoles residentes en Inglaterra, la hazaña de los dos deportistas supuso una inyección de ánimo en una época en la que todo valía para elevar la moral de una vida necesitada de alegrías. Luego ambos recibieron el reconocimiento de los suyos y, durante décadas, se recordaron sus nombres cada vez que se escribía de natación en España.
Vitos tuvo en su tierra el recibimiento que hemos contado más arriba y que los mayores aún recuerdan como uno de los días más grandes que se vivieron nunca en Turón, y luego recibió homenajes y obsequios de otros ayuntamientos y colectivos asturianos. En 2008, cuando se cumplieron los 50 años de aquella jornada gloriosa para nuestro deporte, el Ayuntamiento de Mieres lo conmemoró descubriendo una placa conmemorativa en la piscina de la villa, «su» piscina.
No estuve aquel día, pero hoy me quito la espina porque esta aventura y su protagonista merecen estar entre las historias que les voy contando desde esta página.
Hoy ya son habituales las competiciones de natación de larga distancia, pero incluso así, el récord de Vitos no fue batido hasta el año 2002, cuando lo hizo Patrick Ghysel con un tiempo de 14 horas y 42 minutos. Y les aclaro, por si las dudas: nuestro héroe no usaba traje de goma y sólo visitaba la farmacia cuando tenía catarro.
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