Santibáñez (Aller),
Leoncio CAMPORRO
Las localidades de Conforcos y Collanzo, en el concejo de Aller, consiguieron atraer hasta sus iglesias a centenares de romeros que se congregaron allí para festejar a los Cristos de la Salud y del Amparo respectivamente. Muchos de los asistentes que no dudaron acudir a la cita fueron atraídos por los favores conseguidos y otros, simplemente para mostrar su fervor por los dos santos y postrarse ante ellos para pedirles ayuda y salud.
Conforcos inició la novena y con ella sus peregrinaciones que cada año se celebran en esta parroquia. La novena es la antesala para todos los actos litúrgicos que se celebran al día siguiente hasta llegar al más importante que tiene lugar a las doce de la mañana. Después del rito, los vecinos y feligreses salen de procesión llevando a la imagen por las principales calles del pueblo para finalizar con la tradicional puya del ramo.
Casi a la par, con sólo una media hora de diferencia, en la Iglesia de San Juan de Riomiera, en Santibáñez de La Fuente, se reproducía la misma celebración. Repitiendo cargo, el párroco del Alto Aller Hilario Valdés, igual que en Conforcos, ofició la celebración. Tras tres años en el puesto, Valdés se despidió con esta celebración de la parroquia del municipio. Finalizada la Misa, los feligreses salieron de procesión por los alrededores del templo. A continuación, siguiendo la tradición, le tocó el turno a la puya del ramo donde un histórico Antonio, con muchos años a las espaldas como puyador, supo sacar un buen puñado de euros a los congregados en la subasta.
Ya con la caída del sol, por la tarde, se celebraron algunas finales pendientes de los maratones de tute y parchís. Mientras, a las cinco de la tarde un buen número de jinetes se subieron a lomos de sus corceles para disputar la carrera de cintas a caballo que hizo las delicias de los asistentes en el Fabarín. Una vez terminado, se hizo la obligada entrega de premios de todas las categorías que pusieron broche final a los tres días de fiestas.
La verbena comenzó a las once de la noche en la carpa instalada en la fiesta. El encargado de despedir las noches de esta edición del 2009 fue «Mario y su acordeón» que entretuvo a los asistentes que se acercaron a la velada con alguna de sus mejores canciones que hicieron bailar a un público de lo más entregado.