RICARDO V. MONTOTO
Nos van a subir los impuestos. Es la consecuencia habitual a las cagadas de los gestores del dinero público. Muchos pagamos los derroches de unos pocos -es acojonante que en un buen número de obras del Plan E de ZP, resulte más caro el cartel propagandístico que la propia obra-. Ahora le van a dar un «meneíto» al IVA, un impuesto que, por cierto, nos afecta a todos, sin distinciones. Y a este respecto, ¿sabían ustedes que, por ejemplo, el agua está gravada con un 7 por ciento mientras que el pan y la leche lo están al 4 por ciento? Posiblemente, alguna eminencia entiende que el agua no es un bien de primera necesidad.
Tampoco entiendo que la electricidad doméstica y un collar de diamantes compartan el mismo tipo impositivo, el 16 por ciento (por poco tiempo, pues la Salgado nos lo va a subir). Se ve que el Estado considera que tener luz en casa es un lujo, como puede ser un Rolex o un Maserati. Y, por ello, en un año el recibo de la luz se ha incrementado en más de un 20 por ciento. Y lo que queda, porque parece que les ha gustado la fórmula de sangrarnos a todos cada vez que encendamos una bombilla.
Digo yo que si se pretende subir el IVA y por otra parte, según la ortodoxia socialista, los que más tienen han de ser los que más contribuyan, lo razonable debería ser aflojar la fiscalidad sobre los bienes y servicios de primera necesidad -entre los que, obviamente, está la electricidad; porque yo no sé si la ministra de Economía puede prescindir de la luz en su casa, pero a mí me resulta necesaria- y aplicarse con esmero sobre el lujo. Que un hotel de cinco estrellas y una fonda tengan el mismo tipo de IVA es una estupidez, además de una injusticia. Que las sociedades de inversión en las que los millonarios colocan su dinerito sigan tributando al 1 por ciento mientras que las pensiones de viudedad continúan siendo raquíticas y discriminatorias, es una broma de muy mal gusto, y más viniendo de un Gobierno socialista. Y luego canturrean lo de «arriba parias de la tierra».