Langreo,
Miguel Á. GUTIÉRREZ
El fútbol es un arma poderosa. Un balón es capaz de desencadenar traspasos millonarios, alumbrar iconos y alterar el estado de ánimo de todo un país. Sin embargo, varios pisos por debajo del oropel que barniza a las grandes estrellas, el balompié realiza una labor más callada, pero de gran calado social. El fútbol base y su potencial para modelar ciudadanos centró buena parte la tertulia posterior a la comida organizada por LA NUEVA ESPAÑA, previa al derbi de las Cuencas, que mañana disputan Unión Popular de Langreo y Caudal Deportivo en el estadio Nuevo Ganzábal. Los clubes demandaron ampliar la dimensión formativa de sus escuelas de fútbol ofertando una labor de refuerzo escolar, implicar más a los padres y reconocer el papel educador de los entrenadores.
A la comida, celebrada en el restaurante Casa Adela de Lada, asistieron Esther Díaz, alcaldesa de Langreo, y Roberto Rodríguez, teniente alcalde Mieres; Senén Riera, vicepresidente del UP Langreo, y Ángel Fueyo, presidente del Caudal; y el entrenador azulgrana, Javier Gómez, y el técnico caudalista, Paco Fernández. También asistió el colegiado internacional Manuel Enrique Mejuto González. En representación de periódico acudió Mario Antuña, jefe de la edición de LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas, que entregó un obsequio editorial a los presentes.
La conversación desplegada en la comida abordó la problemática de los clubes asturianos de Tercera División, la escasez de directivos que aseguren el relevo en la gestión de los equipos, las aspiraciones de Caudal y UP Langreo a la hora de encarar el ascenso, y el apasionamiento de algunos aficionados. Sin embargo, la labor de las escuelas de fútbol capitalizó el debate.
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