MARCOS CIENFUEGOS
PORTAVOZ ADJUNTO DE IU-BA-LV EN MIERES
Tal como se distingue con cierta frecuencia, los hechos son los que confirman las verdades o las mentiras sobre las actitudes y los propósitos de cada cual. Pero, también, son elementos objetivos con los que poder enjuiciar el comportamiento, las obligaciones y/o responsabilidades a las que uno tiene que enfrentarse a lo largo de su vida, sea cual fuere la coyuntura (personal, ética, moral, política?) que le toque administrar en cada momento. En este caso, la «causa procesal» de esta reflexión escrita se establece contra la acción política, la coherencia y la capacidad de propuesta del «polifacético bloque gubernamental» que comanda los destinos actuales de la Administración local de este municipio de Mieres. Un equipo de gobierno «ambidiestro» -por un lado- y «genuino» -por otro-, conformado a espaldas de la voluntad mayoritaria de la sociedad mierense por aquellos mismos que hasta hace dos años defendían, o eso pretendían hacernos creer, modelos políticos tan antagónicos que hacían inviables acercamientos y entendimiento alguno en aspectos tales como la economía, la política fiscal, la educación, la sanidad, el medio ambiente, los servicios sociales, el urbanismo o la propia gestión de los recursos económicos municipales.
Del matrimonio de conveniencia, mejor dicho, de supervivencia, oficializado formalmente entre el PSOE y el PP en Mieres se empiezan a vislumbrar los primeros efectos colaterales. Si el año pasado -al igual que el anterior- nos deleitaron con sus «grandes alianzas fiscales y presupuestarias», que significaron, entre otras veleidades, la imposición de nuevos impuestos, como el famoso «cocherazo» o la subida desmedida de otros, ejemplo claro, el impuesto sobre los bienes inmuebles; ahora también empiezan a notarse las consecuencias del último de los pactos establecidos, el referente al conocido como «plan E», es decir, el fondo de inversión estatal destinado a los ayuntamientos, del que a este municipio le correspondió para su administración la nada desdeñable cantidad de ocho millones de euros.
Una iniciativa que, bien merece la pena recordarlo, nació con la clara pretensión -según sus ideólogos- de reactivar las economías locales y generar el mayor volumen de empleo posible, así como su máximo mantenimiento en el tiempo. A falta de la concreción final -cifras que tiene la obligación de facilitar el equipo de gobierno- sobre el número de empleos suscritos, a día de hoy, y según los datos conocidos, se puede considerar el mencionado propósito, tal como habíamos denunciado en su momento, como un auténtico fiasco. No sólo porque se van a incumplir los parámetros inicialmente adquiridos en materia de empleabilidad o durabilidad de los contratos laborales (más del 80% de los proyectos seleccionados y adjudicados tienen una duración entre uno y tres meses), sino porque, además, se pondrá en evidencia algo a lo que tristemente está condenado este municipio durante estos dos años y medio que llevamos de legislatura: la improvisación en las decisiones a adoptar, el derroche de los recursos públicos, la carencia de un proyecto político definido, la ineficacia en la gestión diaria y, por último, el acuerdo antinatura entre dos fuerzas políticas obligadas fortuitamente a entenderse para poder solventar determinadas situaciones internas sobrevenidas.
Frente a las innumerables necesidades que tiene este concejo que a cualquiera le vienen a la cabeza, se ha desaprovechado, como ha quedado demostrado, una nueva oportunidad de oro para poder intervenir en la resolución final de una buena parte de ellas. Frente a las posibilidades de actuación concreta brindadas a través de esta herramienta de acción directa, el Ayuntamiento de Mieres (con la mayoría otorgada por socialistas y populares) optó por el enrocamiento a la hora de elegir sus proyectos -a diferencia de la orientación alternativa establecida por otros concejos asturianos-, en una línea encaminada a la búsqueda de un objetivo rápido y preciso: la propaganda barata y el rendimiento electoral fácil.
Dicho esto, y para mayor justificación de los hechos denunciados, es necesario remitirse a los actos probatorios. Un claro ejemplo de ello es el amplio elenco de renovaciones integrales que se están llevando a cabo en numerosas calles del casco urbano de Mieres. Una situación que se presenta, cuando menos, como una irresponsabilidad política manifiesta tanto de quien propone como de quien apoya, puesto que prácticamente la totalidad de las actuaciones se ejecutan sobre calles, aceras, iluminaciones o mobiliario que ya habían sido objeto de mejoras y rehabilitaciones recientes (alguna de ellas cuenta incluso con menos de año y medio de vida). A ello es necesario añadir que la descoordinación es de tal calibre que a día de hoy circular en automóvil por las calles de la ciudad supone un auténtico rompecabezas para los conductores. Pero si como ingredientes finales añadimos también la calidad resultante en la ejecución de las obras o el nacimiento de nuevas barreras arquitectónicas, obtenemos un auténtico popurrí de dislates y desatinos. Y todo ello por la irrisoria cantidad para algunos de 2.103.934 euros (más de 350 millones de las antiguas pesetas).
De la oportunidad generada para viabilizar una mejora productiva en el desarrollo económico y en la calidad de vida de este concejo, concretada a través de propuestas para el impulso y la promoción industrial o turística; la construcción, rehabilitación o mejora de equipamientos sociales, educativos, culturales o deportivos; la conservación del patrimonio municipal e histórico; la supresión de las tan traídas y llevadas barreras arquitectónicas; la promoción de la movilidad sostenible; la prevención de la contaminación e impulso de la eficiencia energética o la apuesta decidida por la zona rural; todas ellas, líneas contempladas en el propio decreto regulador de este Plan de Dinamización Local, nuevamente, y a tenor de lo visto, la apuesta se sitúa en lo estéril y en lo innecesario. Algunos sostendrán tales decisiones con conceptos tan irrefutables como que es más barato cambiar una acera entera antes que repararla. Magnífica lección por su parte, sobre todo para aquellos que somos unos atrevidos al proponer una racionalidad, un control y un mejor reparto del erario público. ¡Qué le vamos a hacer! Evidentemente, cada cual es reo de sus propias palabras y, faltaría más, responsable de sus actos. Mas de todo ello sí queremos enfatizar una posición muy clara: que no cuenten con nosotros para este viaje a ninguna parte.