RICARDO V. MONTOTO
Lo que casi nadie explica -debe de ser que no interesa- es el motivo por el que buena parte de la población costera somalí ha abandonado su tradicional medio de vida, la pesca, para pasarse a la piratería.
Resulta que la insaciable voracidad de las flotas pesqueras del Primer Mundo, responsables del agotamiento de los caladeros de mares y océanos, ha provocado que a las costas somalíes no llegue ni un triste pez. Nuestros barcos extienden sobre el Índico sus redes kilométricas y lo esquilman absolutamente todo, ante la impotente mirada de quienes llevan milenios viviendo de esas aguas.
Y, claro, si no hay pesca, pues no hay dinero. Entonces, uno cae en la desesperación hasta que alguien se presenta en tu choza y te sugiere la posibilidad de tomarte la revancha, de cobrarle la factura al mismo que te ha dejado sin trabajo. Y se forman grupos y alguien conoce a alguien que tiene relación con un tipo blanco que vende armas occidentales a buen precio. Y como nadie tiene nada que perder, pues pasa lo que pasa.
Los pescadores somalíes no se han convertido en piratas así porque sí, por probar emociones nuevas. Hemos sido nosotros los que les forzamos a cambiar de empleo -allí lo de la prejubilación todavía no lo tienen bien desarrollado.
Curiosamente, en el primer mundo no nos cuestionamos con qué derecho arramplamos con la riqueza de los océanos hasta dejarlos como agua destilada. Nos plantamos frente al litoral que sea, desplegamos toda nuestra tecnología y dejamos al pobre paisano de la costa a dos velas. Hala, a ultracongelar.
Todo esto ocurre porque primero hemos esquilmado nuestros caladeros. Y como en el juego del comecocos, hemos ido avanzando cada vez más lejos, tirando dentelladas a discreción. No es de extrañar, en consecuencia, que algunos se lo tomen malamente y a falta de un Estado que los defienda, se organicen para pasar al contraataque.
Y como hasta ahora la empresa les está saliendo bastante rentable -recordemos los hermosos rescates cobrados por el secuestro de petroleros-, mucho me temo que ya es tarde para convencerlos de que mejor dejan el fusil ametrallador y retoman el camino de la pesca de supervivencia.