Mieres del Camino,
José A. ORDÓÑEZ
En primera línea europea. Pese a no contar con los respaldos económicos que tiene León por parte del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Asturias ha conseguido situarse a la cabeza de la investigación continental en materia de captura y almacenamiento de dióxido de carbono (CO2), aspecto fundamental para lograr una combustión limpia del carbón y asegurar su presencia en la dieta energética de los próximos años, teniendo en cuenta que hablamos del gas que más contribuye al denominado efecto invernadero. Si en el caso del secuestro de dióxido los estudios en marcha en la región están siendo liderados por el Instituto Nacional del Carbón (Incar), en lo que concierne al confinamiento el principal esfuerzo corresponde a Hunosa, que, junto a otras firmas y entidades, tanto nacionales como europeas, tiene en marcha un ambicioso proyecto para localizar posibles depósitos en antiguas explotaciones mineras abandonadas, así como el desarrollo de novedosas técnicas para que el CO2 quede bien sellado en capas carboníferas muy profundas.
Los expertos mantienen que, una vez demostrado que las técnicas de captación de CO2 van desarrollándose con eficacia y que su aplicación está encaminada, el principal reto de futuro pasa por lograr un confinamiento seguro del gas. Los especialistas de la Fundación para Estudios sobre Energía, una entidad en la que participan el Ministerio de Industria y las principales compañías del sector, entre ellas Hunosa, sostienen que la opción idónea es aprovechar las formaciones geológicas subterráneas para retener el CO2, ya sea en forma de gas a presión, disuelto en acuíferos salinos o en otras alternativas. Lo cierto es que las opciones de confinamiento dependen de las características concretas del territorio. Frente a lo que sucede con el secuestro, cuyas técnicas son de aplicación general en cualquier parte del mundo, el almacenamiento requiere de un estudio minucioso del subsuelo para determinar qué aplicaciones se pueden llevar a cabo. En el caso del centro de Asturias y de Hunosa, la opción prioritaria es la de las capas carboníferas de gran profundidad. Y en ello anda la compañía que preside Juan Ramón García Secades. Por un lado, los investigadores de la hullera pública tratan de localizar antiguas explotaciones con capacidad para convertirse en sumideros seguros y prolongados de CO2. También intentan desarrollar una tecnología de inyección del gas muy relacionada con el aprovechamiento del metano contenido en las capas que vayan a ser utilizadas.
En principio, Hunosa sabrá en 2011 si puede utilizar sus minas abandonadas como almacenes de CO2 y qué cantidad de gas estará en disposición de confinar. Ese año se conocerán las conclusiones del estudio que la hullera lleva a cabo junto al Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y la Universidad de Oviedo. De momento, según confirmó el responsable de la oficina de proyectos del IGME, Miguel Luis Rodríguez González, «siguen ejecutándose los trabajos de investigación, tanto en lo que se refiere al estudio hidrogeológico como al aprovechamiento del gas metano y el almacenamiento de CO2». Además de estudiar las posibilidades de las minas de Hunosa como almacenes para aislar el gas, entre los objetivos principales de la investigación en marcha también se encuentra el análisis de los problemas que el proceso de inundación que sigue al abandono de las labores mineras puede producir en el entorno de las explotaciones, así como el estudio de la calidad del agua subterránea para su vertido a los cauces públicos. Los técnicos también se centran en el posible aprovechamiento energético del metano que se encuentra en las capas profundas de carbón y han centrado en el área Turón-Figaredo-Barredo el análisis de los procesos de inundación de las minas y la investigación de los recursos de metano existentes, con el objetivo de determinar las posibilidades de extracción y aprovechamiento.
También en el campo científico, el propio presidente de Hunosa, Juan Ramón García Secades, asegura que Hunosa, junto a varios socios europeos, tiene previsto poner en marcha, en el pozo Montsacro, un laboratorio subterráneo de investigación sobre almacenamiento de dióxido de carbono en capas mineras de gran profundidad y en acuíferos salinos situados en el entorno de las centrales térmicas de la región, responsables de una emisión conjunta de 20 millones de toneladas al año. Al mismo tiempo, la hullera pública ha iniciado los trámites para obtener los derechos de explotación para almacenamiento de CO2 y realizar una exploración provisional para la búsqueda de potenciales almacenes subterráneos para inyectar el gas y depositarlo con todas las garantías de seguridad. Y es que lograr una total estanquidad de los depósitos se presenta como la condición más crítica a la hora de evaluar la seguridad de los posibles almacenamientos, según apuntan los expertos.
Secades insiste en que una condición indispensable para que las tecnologías sean viables pasa por lograr depósitos totalmente estancos. «No vale que haya fugas», señala el presidente de la hullera, quien cita como emplazamientos más adecuados los acuíferos salinos profundos, por debajo de los 800 metros, las trampas de petróleo y otros elementos, entre los que estaría la adsorción del gas por parte de capas de carbón. El máximo responsable de Hunosa explica que este mineral «retiene metano, que se podría sustituir por el dióxido en formaciones muy profundas». Y, a este respecto, añade que la compañía está desarrollando una investigación, con un proyecto denominado «Carbolab», en el que se incluye el laboratorio previsto para el pozo Montsacro de Morcín, con el objetivo de comprobar cómo funciona esa adsorción por parte del carbón.
«Carbolab» es una iniciativa liderada por el Bureau de Recherches Géologiques et Minières (BRGM), institución pública francesa que tiene entre sus objetivos principales la gestión de ciertos recursos naturales y del subsuelo, merced a la cual no sólo se creará ese centro subterráneo para la investigación, el desarrollo tecnológico y la demostración del secuestro de CO2 en capas de carbón, sino que también se analizarán con todo detalle las posibilidades de aprovechamiento simultáneo del metano que se libere. Hunosa tiene comprometido en este proyecto un presupuesto ligeramente superior al millón de euros, según consta en el plan de empresa que está en vigor.
Hunosa estudia la viabilidad de sus minas como almacenes de dióxido justo cuando el Gobierno central acaba de elaborar la primera legislación española para normalizar los procesos relacionados con la captura del dióxido. En concreto, el Ministerio de Industria se basa en una serie de hipotéticos emplazamientos que ya han sido registrados oficialmente por el departamento que titula Miguel Sebastián. Uno de ellos está situado frente a la costa asturiana, a la altura de Llanes.
Por lo que se refiere a la investigación en torno a la captura del gas, Hunosa, Endesa y el Incar han acordado la conformación de una asociación de interés empresarial (AIE) para desarrollar una planta experimental de un megavatio en La Pereda, de cuya vertiente tecnológica se encargará la prestigiosa firma Foster Wheeler. La iniciativa prevé varias fases sucesivas. Una vez comprobada la viabilidad del sistema en poscombustión mediante procesos de carbonatación-calcinación, la hullera pública y sus socios decidirán, en el mes de octubre, la construcción de una planta de un kilovatio en La Pereda.