CARLOS CUESTA
Desde siempre he tenido predilección por los refranes populares y por las animadas adivinanzas, quizá porque mi madre, una enamorada de esos aforismos y acertijos, me los inculcaba, con verdadera pasión, como auténticas reflexiones de la vida misma y de la propia inteligencia.
Y es que el refranero español es un compendio de enseñanzas y sentencias elaboradas con sentido común y lógica sencillez. De todas ellas se desprende el aire de la gente normal, que, sin más, lanza al viento lo que ha aprendido de la vida utilizando las expresiones más populares. Y ese hecho queda reflejado en la tradición oral, que a través de generaciones de hablantes permanece en el tiempo como fruto de una realidad popular.
El refrán, etimológicamente, procede de la voz del occitano antiguo «refranh», que significa estribillo, igual que «refrain» en francés actual y que refrán en castellano medieval. Muchos de los refranes más usuales huelen a campo, a estepa, a montes, a horizontes lejanos, a sol y a lluvia de este país llamado España. Así, ahí van unos cuantos proverbios populares que están cargados de razón, sabiduría y fuerza expresiva: «Quien dice lo que quiere, oye lo que no quiere». «No hay gobierno que perdure, ni mal que cien años dure». «Más vale malo conocido que bueno por conocer». «Las mujeres, donde están, sobran; y donde no están, hacen falta». «Amigos de muchos años dan los desengaños». «Zapatero, a tus zapatos». «Unta la mano al escribano, y hará buen pleito de malo». «Galán atrevido, de las damas preferido». «En octubre, toma los bueyes y cubre».
Y si hablamos de adivinanzas, pues más de lo mismo. Esos acertijos que nos enseñaban de pequeños en el colegio y en la escuela para aguzar la inteligencia siguen vigentes por mor de la sapiencia popular que los mantiene y fomenta. Así, varios ejemplos: «Te la digo y no me comprendes, te la digo y no me entiendes y si te la digo, ¿lo sabes?». «Dos compañeras van al compás, con los pies delante y los ojos detrás». «Estoy de día y de noche en continuo movimiento, siempre acortando las horas; mira que no soy el tiempo». «Por un caminito estrecho va caminando un bicho, ese bicho ya te lo he dicho». «Soy redonda como el mundo, al morir me despedazan, me reducen a pellejo y todo el jugo me sacan». «Tengo hojas sin ser árbol, te hablo sin tener voz, si me abres, no me quejo, adivina quién soy yo». «Doce señoritas en un mirador, todas tienen medias y zapatos no». Seguro que los sagaces lectores habrán adivinado estos sencillos acertijos. Fáciles cosadiellas que están en la mente de todos y que con un poco de imaginación se pueden descifrar...
Los refranes y las adivinanzas siguen manteniéndose en el tiempo como ciencia popular que son. Nunca se han perdido, lo que ocurre es que, en estos tiempos de prisas, tensiones, valores limitados y bachilleres ajustados, a este tipo de sabiduría gentil apenas se le presta atención. Es momento para recuperarlos con sosiego y pasión, y referirse a quien habla por refranes cono a un saco de verdades. Cuando escucho este tipo de aforismos me acuerdo mucho de mi madre, siempre con un refrán en los labios para responder ante cualquier situación. Y del viejo, el consejo...