Mieres / Langreo,
Miguel Á. GUTIÉRREZ
«Entran buscando dinero y, si no lo hay, se llevan lo que encuentran; herramientas, equipos informáticos o piezas que puedan tener algo de cobre...». Los empresarios asentados en los polígonos de las comarcas mineras ven impotentes como muchas de sus naves son objeto de robos de forma reiterada. El hecho de estar emplazadas en lugares alejados de los núcleos urbanos y, por lo general, con escasa vigilancia, hace de estas empresas un reclamo apetitoso para los delincuentes. La situación es más delicada en la cuenca del Nalón, que este año ha experimentado un repunte de los robos. De hecho, en algunas áreas empresariales como Riaño II y III, en Langreo, o El Sutu, en Laviana, la mitad de las empresas han sido asaltadas al menos en un ocasión. Incrementar la vigilancia, imponer penas mayores para este tipo de robos o instalar cámaras de seguridad son algunas de las soluciones que apuntan los empresarios para acabar con los asaltos.
Gonzalo Alonso es presidente de la Federación de Asociaciones de Polígonos Industriales de Asturias (APIA). Alonso asegura que el perfil del ladrón de polígono es muy heterogéneo. «Hay desde delincuentes comunes que se llevan las tapas de registro del alcantarillado a bandas de profesionales del Este de Europa que entran en las naves con butrón o inutilizan los sistemas de alarma. Éstos últimos son los más peligrosos porque llegan incluso a enfrentarse a los agentes si los sorprenden», explica.
El presidente de APIA considera, como el resto de los empresarios consultados por este diario, que la seguridad privada es una opción excesivamente cara. Por eso aboga por incrementar la vigilancia policial o instalar cámaras de seguridad directamente conectadas con la Policía. «Con este sistema se podrían reducir hasta un 50 por ciento los robos. El problema es que hay trabas legales por el tema del derecho a la intimidad; si tuviéramos una aprobación expresa para colocar cámaras podría gestionarse para todos los polígonos a través de APIA», argumenta Alonso, que confirma el repunte de robos en las áreas industriales del Nalón.
El polígono de El Sutu, en Laviana, sufrió a mediados de octubre el asalto de cuatro naves. Los ladrones se llevaron 2.000 euros y ordenadores. Otras veces no hace falta ni entrar en las empresas. También recientemente, un hombre fue detenido por robar, a plena luz del día, el combustible tres camiones estacionados en el polígono de Riaño haciendo uso de una manguera. «Estamos desprotegidos completamente porque nunca sabes cuando van a robar; esto va por rachas»», indica José Luis Fernández, presidente de la Asociación de Empresarios del polígono de Valnalón, en Langreo. Ante la «vigilancia policial escasa», este empresario propone otra solución. «En nuestro caso, al estar integrados en la zona urbana, quizá sería bueno contar con un servicio de serenos que diera servicio a toda La Felguera; en su día, hubo un intento de tener seguridad privada, pero la gente dejó de pagar y se quitó», apunta.
Roberto Díaz, presidente de los empresarios del polígono Gonzalín, en Mieres, vio cómo entraban en su nave para acceder a otra, contigua a la suya. «Entran buscando dinero y, si no, se llevan lo que pueden. Ordenadores o herramientas como taladros o radiales, cosas que no pesen mucho y que sean fáciles de colocar». Para este empresario, la clave pasa por imponer penas más severas que tengan un efecto disuasorio, sobre todo en los casos de reincidencia. «El problema es que los cogen y no les pasa nada, así que vuelven a intentarlo. Muchas veces son los mismos los que roban en varias naves», explica.
Francisco José González, secretario de la Asociación Empresarios Fábrica de Mieres, hace hincapié, por su parte, en la vulnerabilidad de los polígonos. «Son recintos en el que el delincuente se puede colar por muchos sitios, por eso es importante que haya vigilancia suficiente», indica Francisco José González, que también abunda en los perjuicios de este tipo de asaltos. «Ya no es sólo lo que te roben, porque dinero no suele haber, sino el destrozo que puedan provocar en la nave».