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Dando la lata

El exhorto

El miedo que genera el lenguaje jurídico

 10:18  
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El exhorto
El exhorto  

RICARDO V. MONTOTO La buena mujer tenía los nervios destrozados. El día anterior había recibido una carta del juzgado. «Ay madre, ¿para qué me quieren a mí ésos?»- me relataba con la voz entrecortada por la tensión. El caso es que después de dar vueltas con la dichosa carta en la mano, finalmente la abrió. Y casi se desploma cuando comenzó a leer. «Exhorto, con letras muy gordas. Eso es lo que ponía»- prosiguió la señora. «Y yo no sé qué es eso, pero suena muy mal, como que si te quisieran llevar presa». Razón no le faltaba, pues la palabrita se las trae y más para quienes no manejan el lenguaje jurídico, que es una forma especial de hablar que nos hemos agenciado los pertenecientes al gremio, gracias a la que decimos las mismas idioteces que el resto de los mortales, pero de un modo que sólo nosotros comprendemos. Ni más ni menos.

Aquella temblorosa señorina llevaba veinticuatro horas sin dormir desde la recepción de la infausta notificación cuando por fin se decidió a pedir socorro, ante la perspectiva de dar con los huesos en la prisión de Villabona. El documento en cuestión, además del término exhorto, advertía de que le iban a practicar unas diligencias, que dicho así, suena hasta doloroso y, finalmente, amenazaba con espantosas consecuencias en el supuesto de no estar como un clavo a la puerta del juzgado el día y hora señalados con el papelín en la mano y el carné en la boca.

En consecuencia, la señora se había pasado la noche preparando un equipaje de emergencia a la espera de que la fuerza pública llamase a su puerta. Incluso se planteó huir a un lugar lejano donde nadie pudiera encontrarla. «Me echo al monte y no paro hasta Teverga»- le anunció a su hermana.

Finalmente, acudió al juzgado asida del brazo del yerno de su vecina, que no se pierde ni una serie sobre juicios. Todo quedó en que le comunicaban que la bolsa de playa y la crema bronceadora que le robaron en el viaje a Roquetas habían aparecido y estaban a su disposición. Aliviada, la señora decidió: «Bueno, ya que tengo la maletina preparada, mañana tiro para allá»».

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