L. A. VEGA
Oviedo, L. Á. VEGA
Ahora que Hollywood pretende volver a contarnos la historia de la resistencia francesa en la II Guerra Mundial con la última película de Tarantino, «Malditos bastardos», no está de más conocer la verdadera historia de la quinta columna de partisanos que descoyuntó el despliegue del Ejército alemán en la Francia ocupada. Es una historia escrita en primera persona por los derrotados de la Guerra Civil, que se resarcieron en las espaldas de los alemanes. Y a la cabeza de ellos estuvieron varios asturianos, como el entreguín José Antonio Alonso Alcalde, el «comandante Robert», homenajeado hace poco en Pola de Laviana; o el gozoniego Cristino García. El libro «Historia de los españoles en la II Guerra Mundial», de Alfonso Domingo, que acaba de publicarse, reconstruye sus hazañas.
El «comandante Robert» salió de España en 1939 para enrolarse en el Ejército francés y volver a ser derrotado poco después. Pero casi de inmediato inició una aventura que terminaría mejor, el maquis. A partir de 1942 se integra en el XIV Cuerpo de guerrilleros, una unidad que ya había existido en España y que los exiliados recrearon en Francia. En octubre de 1943, cuando formaba parte de un grupo de saboteadores polacos y españoles en Saint-Etienne, fue detenido, pero pudo escapar y librarse del campo de Mauthausen.
En el departamento de Ariège, en la región del Mediodía-Pirineos, volvió al combate con una exigua brigada de siete guerrilleros. Uno de ellos, el comisario político, era «un asturiano que valía más que los dirigentes de Francia», señala. De Alonso -con quien ayer conversó LA NUEVA ESPAÑA vía telefónica- se burlaban sus compañeros por su aspecto atildado. Pero les cerró el pico a base de hazañas. Cuando regresó de dar un golpe en una pequeña caja postal, con una mochila llena de dinero, les espetó: «En esta peluquería es donde me ondulo el pelo yo». Todo fue bien desde entonces.
Más adelante, comandante ya de una brigada de 300 hombres, con 25 años Alonso comenzó a darles a los alemanes de su propia medicina. Los guerrilleros aplastaron patrulla tras patrulla, en sangrientas emboscadas que les proveían además de armas. Pronto crearon una estructura paralela de poder. «Éramos totalmente autónomos, no dependíamos de nadie. Está bien decirlo, porque ahora parece que ha habido más resistentes que franceses», asegura el entreguín, residente en Bon-Encontre, cerca de Agen.
No sentía miedo. «Hemos resistido porque era nuestro deber. Los españoles nos habíamos enamorado de lo que significaba la República y luchamos por ello tanto en España como en Francia», añade. «Fue el período de mi vida en que más libre me he sentido», sentenció.
Tiene grabado cada detalle de aquella época, como los mensajes de la BBC, del tipo del famoso «hieren mi corazón con monótona languidez» del Desembarco de Normandía, pero que en realidad eran más prosaicos, como uno que aún le hace gracia: «El pollo está asado, repetimos, el pollo está asado». Estas consignas indicaban el lanzamiento de armas y provisiones desde aviones.
El hito más glorioso de su brigada fue la toma de Foix, defendida por 200 alemanes, el 23 de agosto de 1944, y el posterior copo de una columna de 1.350 soldados, entre los que había mongoles y turquestanos que se habían pasado a los alemanes. Alonso, ciudadano de honor de Foix y caballero de la Legión de Honor, terminó sus hechos de armas en la malhadada invasión del valle de Arán, en 1944. «Nuestros dirigentes no conocían España. Creían que era posible un movimiento como el que había liberado Francia», aseguró.
Las hazañas de Cristino
Tan gloriosas como las de Alonso, son las hazañas militares de otro asturiano, homenajeado en Ferrero (Gozón) en 1996, aunque él no pudo estar presente, porque fue fusilado en febrero de 1946 en Madrid. Se trata de Cristino García Granda, al que se debe la increíble victoria de La Madeleine, en la que apenas 40 guerrilleros, en su mayoría españoles, derrotaron e hicieron rendirse a todo un regimiento alemán. Cristino García, el «libertador de los Tres Departamentos» (Gard, Lozère y Ardèche), nació en Viodo (Gozón) en junio de 1913. Participó en la Revolución de 1934, pero fue en la Guerra Civil donde adquirió sus dotes militares, primero en una unidad de dinamiteros, luego en la XI División de Líster y finalmente en el XIV Cuerpo de guerrilleros.
En Francia había formado un grupo que se transformó en el de guerrilleros de Lozère. Con los de Gard y Ardèche constituiría luego la 3.ª División de la resistencia. Sus ataques lograron disminuir la producción minera de la zona en un 60 por ciento. Otra de sus acciones fue la liberación de centenares de presos de la cárcel de Nîmes.
En agosto de 1944, los aliados están firmemente aferrados a Normandía, y el primer Ejército francés acaba de desembarcar en Provenza. Cristino García cubre uno de los flancos de esta última unidad. Su objetivo es evitar que las tropas alemanas accedan a Anduze (la puerta de las Cevennes) y de allí a Alès. Para ello se instala en Tornac y La Madeleine, un estrecho paso en el que dispone a unos 40 guerrilleros, la mayoría españoles. Vuelan un puente, se disponen en semicírculo en torno al castillo de Tornac y esperan la llegada de una columna de sesenta camiones, tres cañones y cinco blindados: entre 1.000 y 1.500 hombres. Cuando los alemanes se encuentran con el puente destruido, tratan de dar media vuelta, pero una mina vuela la carretera, al tiempo que las ametralladoras barren la columna.
Durante un par de días, los alemanes son incapaces de abandonar la ratonera. Los gerrilleros les conminan a rendirse. Se suceden las negociaciones, interrumpidas a tiros. Varios cazabombarderos aliados machacan la columna y los alemanes tiran la toalla. Al ver el hatajo de desharrapados que le han vencido, el coronel alemán, Nietzsche, se empapa de gasolina, se prende fuego y se pega un tiro.
Por esta hazaña, Cristino García adquiere el rango de héroe nacional en Francia. Se le han dedicado calles, incluso en París. El gozoniego participó luego en la invasión de Arán. En 1945, tras la muerte en Madrid de José Vitini, Cristino decide llevar la guerra al corazón del régimen de Franco, pero en octubre es cazado con otros once guerrilleros. Sería fusilado poco después.
Un ibiense en la «Nueve»
Mientras estos guerrilleros hacían la vida imposible a las tropas alemanas de segundo escalón, otro asturiano, Manuel Fernández Arias, nacido en 1919 al lado de Marentes, en Ibias, se jugaba la vida en la «Nueve», una de las compañías de la División Leclerc, integrada por republicanos españoles, y que fue la primera en entrar en París. Antes de llegar a la «Nueve», Fernández, que aún vive en Francia, había sido uno de los esclavos de Franco en los batallones de trabajo forzoso. Dio con sus huesos en la Legión Francesa, que se pasó a los americanos para disputar Túnez al general Rommel. Fue la única batalla de verdad que vivió en su vida, con combates cuerpo a cuerpo, a la bayoneta, luchas casa por casa y muchos, muchísimos muertos, buena parte de ellos españoles.
En Le Saguen, recibió una de sus mayores alegrías: custodiar a 6.000 prisioneros alemanes. Más tarde desertaría de la Legión y se enrolaría en la 2.ª División blindada del general Leclerc, de las fuerzas de la Francia libre, en la que se integrarían el batallón español y la «Nueve, comandada por el mítico capitán Dronne. Tras desembarcar en la playa de Omaha, vivió los brutales combates de Aleçon y Ecouché, en Normandía. La «Nueve» entraría el 24 de agosto de 1944 en París. Fernández, herido ese día, tendría que esperar a la jornada siguiente para pisar la Ciudad de la Luz. Pero luego llegaría hasta el «Nido del Águila» de Hitler.